domingo, 15 de enero de 2017

'El fin de la infancia', utopía y posthumanismo parapsicológico

Reciban saludos efusivos, mis queridos lectores, y sean, de nuevo, bienvenidos a este espacio para la reflexión sobre las producciones audiovisuales relacionadas con la ciencia ficción y la fantasía. En estos fríos contextos invernales, me presento para comentar el estreno de la miniserie 'Childhood's End - El fin de la infancia' (2015), basada en la novela homónima escrita por Arthur C. Clarke en 1953 y producida, en esta adaptación televisiva, por la cadena de televisión SyFy. Ha sido estrena en España estas navidades pasadas. Pensaban que este año nuevo no iba a continuar con estos arranques de reflexión sobre el cine y la televisión que consumo, pues aquí me tienen otra vez. Aún tengo cierto prurito que me impele a continuar con esta insana labor.


La sinopsis de la historia puede resumirse en el primer contacto de la humanidad con una raza alienígena de increíble capacidad tecnológica, y la reacción de la gente de la Tierra ante la imposición de una utopía dirigida por los extraterrestres. El objetivo no queda claro al principio, pero las ventajas adquiridas, como la paz mundial, el fin de las enfermedades y la capacidad de cubrir todas las necesidades humanas sin esfuerzo ni trabajo, con el consiguiente aumento del tiempo de ocio y el interés por el estudio, consiguen que la mayoría de la humanidad acepte la nueva situación: una edad dorada. Si bien, algunas personas críticas con esa nueva forma de vida, se preguntan por el precio a pagar ante esas facilidades otorgadas por los alienígenas, que pronto empiezan a ser llamados los "superseñores" en la versión literaria traducida al español, en el original overlords y, en la serie de televisión, simplemente "los amos". La curiosidad humana está casi extinta, ya que no se necesita investigar cosas nuevas para mejorar la calidad de vida de las personas, puesto que todo lo necesario es proporcionado por los "superseñores". El sistema es bastante inmovilista y conservador, pero funciona a su manera. Sin embargo, esa utopía esconde un secreto que afecta al futuro del ser humano en su conjunto, algo que le hará plantearse su papel en el universo.

Se trata de un loable intento de SyFy por adaptar la novela de Arthur C. Clarke y buscar respetabilidad en la industria televisiva. La producción es correcta y los efectos especiales no son espectaculares pero funcionan bastante bien dentro del conjunto. Atrás quedan los cutre-subproductos a los que nos tenía acostumbrados esta cadena de televisión desde hace unos cuantos años: véase las diferentes producciones de 'Sharknado' y demás zarandajas de bajo presupuesto, que, en un momento dado, pueden divertirnos e incluso entretenernos, pero que, desde un tiempo a esta parte, deslucieron el potencial de la empresa encargada de distribuir —cuando aún se llamaba Sci-Fi Channel— la estupenda versión de la serie 'Galáctica, estrella de combate' (2004-2009). No me interpreten mal, encuentro su gracia en telefilmes como 'Dinocroc vs. Supergator' (2010), pero desde luego no son productos que vayan más allá del entretenimiento chusco y gracioso. Además, encuentro interesantes muchas de las premisas de series de televisión como 'Defiance' (2013-2015), 'Los 100' (2014-...) o 'Dark Matter' (2015-...), por poner algunos ejemplos de las más recientes. En este caso, se busca una reflexión más audaz, lo que me inspira confianza en la valoración del género y un interés diferente. Otro asunto es que lo consiga con mayor o menor acierto, pero el esfuerzo ya es un punto a su favor.

Ricky Stormgren (interpretado por Mike Vogel).

'El fin de la infancia' ha sido creada en formato de miniserie, con tres episodios que, en apariencia, tienen cierta correlación con las tres partes en las que se divide el libro homónimo de Clarke: primero el impacto que genera la llegada de los extraterrestres, segundo el desarrollo de la utopía y tercero la revelación final sobre los objetivos de "los amos". Sin embargo, una diferencia notable a tener en cuenta, es la amplitud de las elipsis temporales, que en la serie de televisión es mucho más reducida que en la novela. En cierto sentido se puede entender que el lenguaje audiovisual necesita condensar, en un tiempo más escueto, todo aquello que se narra en las páginas del libro, agrupar personajes y acelerar la trama para conseguir un producto más homogéneo. Ahora bien, se pierde cierto realismo en la evolución que se describe de la sociedad humana, pasando de varias generaciones en la novela, a una sola en la teleserie, lo que dificulta su credibilidad. Al mismo tiempo, los protagonistas deben aparecer en todos los episodios televisivos, mientras que en las diferentes partes del libro se presentan nuevos personajes, encargados de llevar el peso de la trama en cada momento temporal que se está narrando.

Esta elección lleva a erigir al representante de los humanos en su comunicación con los "superseñores" al estatus de protagonista durante toda la serie de televisión, cuando en la novela es un personaje que deja de aparecer tras su papel en la primera parte de la historia. De ser el Secretario de Naciones Unidas en la novela —cosa bastante lógica, por otro parte—, pasa a ser un simple granjero del interior de los Estados Unidos en la serie, Ricky Stormgren (interpretado por Mike Vogel), cuyo mérito no va más allá de haber mediado entre el pueblo donde vive y una empresa sobre asuntos de tierras. Imagino que pensaron que el punto de vista de un americano medio, autosuficiente, guapo, etcétera, consigue encajar mejor a la hora de empatizar con el personaje. Aspecto que podrían haber cubierto otros personajes de la historia, pero claro, son presentados más adelante, no desde el inicio. Este cambio, en concreto, ha llamado mucho la atención y más aún en su desarrollo posterior en los siguientes episodios. A la hora de alargar la historia del grajero elegido para comunicarse con los extraterrestres, los guionistas de la serie de televisión no pensaron nada mejor que introducir una historia de amor entre él y Ellie Stormgren (a la que da vida Daisy Betts), con su triángulo amoroso incluido, aunque en este caso con una mujer anterior ya muerta, Annabel Stormgren (Georgina Haig), mucha fruslería empalagosa, que llega a cargar tanto como para pasar rápido estas secuencias que, además, aportan bien poco a la historia en general, y un debate moral —quizá lo único interesante en este asunto— entre el ideal amoroso ya desaparecido y el amor actual, verdadero y tangible.

Milo Rodricks (interpretado por Osy Ikhile) y Rachel (a la que da vida Charlotte Nicdao).

Otro personaje importante en la historia es Milo Rodricks (interpretado por Osy Ikhile) con un rol importante a la hora de descubrir las verdaderas intenciones de "los amos". Su curiosidad insaciable, extraña en ese nuevo mundo, choca con la exigencia de no preguntar nada que la paternalista actitud de los alienígenas considera que sobrepasa el entendimiento y la capacidad de asimilación de los seres humanos. Un cambio que se puede rastrear en este personaje con respecto al libro de Clarke, viene dado por la necesidad en la serie de televisión de presentar al personaje desde el primer capítulo, cuando su principal aportación a la historia se desarrolla en los episodios siguientes. De tal forma, se introduce a un Milo niño, con problemas de adaptación social, añadiendo a su historia unos comienzos humildes para luego indicar que supera todas las trabas que la sociedad de clases puede imponer, etcétera. La superación personal de las desventajas económicas y sociales parece seguir siendo una subtrama a la que acudir a la hora de rellenar huecos en la historia. Además, se integra una historia de amor con Rachel (Charlotte Nicdao), que da más sentimentalismo al personaje con respesto al libro. Milo es, además, uno de los pocos personajes de la teleserie que envejece, más o menos, como debe ser, dadas las elipsis que se establecen entre los episodios. Ya que el resto de personajes permanecen inalterados durante los años trascurridos, resultando un tanto curioso y, a la postre, problemático para la credibilidad del avance temporal.

Siguiendo con otros personajes interesantes e importantes para la historia, hay que destacar a Jake Greggson (Ashley Zukerman) y Amy Morrel (Hayley Magnus), padres, como otros muchos, de una nueva generación de niños que han nacido en la utopía diseñada por "los amos" y que van desarrollándose metal y físicamente de forma diferente a como lo hacían las generaciones anteriores de seres humanos. El interés de Amy por la parapsicología en la novela, eliminado en la serie, es desestimado en un nuevo mundo en el que las explicaciones científicas no dejan casi ninguna duda sin responder. La añoranza artística y creativa de Jake, más o menos integrada en la teleserie, aunque sin aprovecharse de esta idea, choca con la nueva concepción uniformadora y estática, que empieza a considerar repetitivo y falto de interés una cualidad estética necesitada de conflicto para ser floreciente. No existen peligros ni riesgos en la nueva sociedad humana, por tanto, las creaciones artísticas se han "empobrecido", al descartar sentimientos humanos que han pasado de moda, ante la rápida evolución que marca la utopía. Una parte muy interesante de la historia se desarrolla cuando esta familia, junto con sus hijos, decide mudarse a Nueva Atenas. Se trata de una ciudad autárquica, fuera del ámbito de la utopía impuesta por "los amos", en donde se recupera el espíritu perdido del ser humano anterior a la llegada de los extraterrestres a la Tierra. Se permite algo de ese caos intrínseco a las sociedades actuales, se potencia la creatividad artística, se valora la cultura desarrollada por la humanidad a lo largo de los siglos, que parece estar amenazada por un desinterés manifiesto de los alienígenas y de las nuevas generaciones humanas, que empiezan a considerar el pasado como algo inservible para la forma de vivir que disfrutan. En la novela Nueva Atenas tiene un espacio amplio de tratamiento, que en la serie de televisión han limitado bastante. No se explota con la suficiente intensidad un conflicto que resulta bastante interesante, dejando meras pinceladas que no hacen justicia a esa rebelión pacífica.

Los niños.

Ahora bien, uno de los personajes que mayor entusiasmo ha generado es el supervisor Karellen, interpretado por Charles Dance —conocido por su genial papel como Tywin Lannister en 'Juego de Tronos' (2011-...). Se trata del "superseñor" alienígena encargado de dirigir la evolución de la Tierra hacia la nueva utopía. Es de agradecer un buen trabajo de maquillaje, que nos devuelve a las producciones más artesanas, obviando el uso abusivo de efectos especiales y otorgando al personaje un aura más cercana, a la par que permite percibir con bastante naturalidad las expresiones, gestos y, en general, la actuación de Charles Dance. No quiero desvelar mucho, ya que el aspecto de "los amos" es una de las sorpresas más sugestivas de la historia, punto que se ha mantenido del original en la serie de televisión. Más o menos se mantiene toda la trama relativa a este personaje desde la novela a la teleserie, si bien, se añaden algunos aspectos. En primer lugar se potencia la relación de Karellen con Ricky Stormgren, el granjero que han elegido para interactuar con el resto de la humanidad. Aporta un aspecto interesante en la visión más humanizada de Karellen que se quiere dar en la serie, siendo una relación menos fría que la descrita en la novela y otorgando al "superseñor" una empatía que le acerca más a la humanidad.

Por otro lado, se incluye un personaje en la serie de televisión, el cual no está en la novela original, que tiene su sentido a la hora de enlazar las tramas de los Stormgren y los Greggson, ya que en el libro no llegan a coincidir en ningún momento. Al comprimir el tiempo de la narración en la teleserie y necesitar introducir a Ricky Stormgren en la vida del resto de personajes, los guionistas han incluido a Peretta Jones (interpretada por Yael Stone), una fundamentalista cristiana que trata de ayudar a las dos familias con los problemas que surgen a raíz de su relación con los extraterrestres. Introducir un elemento religioso tan contundente en la serie de televisión, cuando en la novela se deja claro que la religiosidad ha desaparecido en la nueva sociedad, podría ser síntoma de una defensa a ultranza de los valores cristianos, que deformaría de forma ostensible el relato; pero nada de eso, la introducción del personaje dispone un debate sugerente sobre la rivalidad entre ciencia y religión. No llega a ser una defensa desesperada y, además —aquí desvelo algo de la trama—, termina venciendo la propuesta establecida por la novela, cosa que, personalmente, me agrada sobremanera. Si bien al final se hace un giro que bien pueden entender algunos como religioso —no cristiano—, aunque, por otro lado, se puede interpretar como algo más secular y mundano. Cada uno tendrá su propia interpretación.

Amy Morrel (Hayley Magnus) y Jake Greggson (Ashley Zukerman).

Entrando en los aspectos más metafísicos y en las ideas más profundas de la historia, me interesa señalar la especulación sobre la evolución de la especie humana que se describe tanto en la teleserie como en la novela. Nota bene, a partir de aquí es posible que destripe elementos del relato que algunos lectores consideren que no desean conocer hasta completar el visionado de la serie de televisión o la lectura del libro. Queden avisados.

El Homo sapiens es una especie en constante evolución, fruto de una presión selectiva a la hora de adaptarse al medio en el que vive, y que podría haberse extinguido en múltiples ocasiones, como así ocurrió, por ejemplo, con los Homo neanderthalensis, que desaparecieron hace unos treinta mil años. En el momento en el que el ser humano entra en la revolución neolítica, hace unos doce mil años aproximadamente, el resto de homínidos ya se han extinguido, el ser humano tal y como lo conocemos está solo. Desde aquella época en la que empezaron los primeros procesos de domesticación de vegetales y animales salvajes, el género sapiens no ha cambiado mucho, debido, sobre todo, a que no ha transcurrido el tiempo suficiente como para apreciar grandes modificaciones. Algunos de los cambios genéticos que se pueden destacar pueden ser la tolerancia a la lactosa en adultos, lo que permite beber leche durante toda la vida, o el color de la piel para adaptarse a diferentes climas en los que se ha establecido el ser humano. Si bien, en un futuro próximo, la evolución no la condicionará tanto el entorno como nosotros mismos. Influiremos en ella de manera distinta, conscientemente, o al menos así parecen concluir los indicios hasta la fecha.

Peretta Jones (interpretada por Yael Stone).

En general, es muy probable que el futuro de la evolución humana pase por la manipulación del código genético. Los avances en la ciencia y la tecnología así lo permiten y, al mismo tiempo, es de suponer que irán a más desde que se consiguió desvelar la secuencia del genoma humano en el año 2001 y el surgimiento, en estos años, de la biología sintética en donde se investiga con intensidad, así como la aparición de técnicas de edición genética como el CRISPR/cas9 en el año 2012, a raíz del trabajo de las investigadoras Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier. En la miniserie la evolución no se explica bajo la premisa de la manipulación genética, al igual que en la novela, siendo, en este sentido, una historia poco visionaria. Una novela bastante anterior, como es Un mundo feliz (1932) del escritor Aldous Huxley, sigue siendo más plausible a la hora de descifrar el futuro, hablando de una utilización intensiva de técnicas genéticas para conseguir, o eliminar, características físicas y mentales determinadas. Por poner otro ejemplo que trata de forma intensiva esta idea, en la película 'Gattaca' (1997) la capacidad de modificar a placer el genoma de los seres humanos, implica la posibilidad de añadir o quitar aquellos genes que interesen a los padres, creando, por tanto, humanos a medida, a la medida de cada progenitor, altos rubios, inteligentes, fuertes... en fin, eugenesia de primer orden, que recuerda a los intentos del nazismo en la década de los treinta y los cuarenta del siglo XX.

En cualquier caso, no es el objetivo de 'El fin de la infancia' ser completamente fiel a un futuro posible desde un punto de vista actual o desde el momento en el que se publicó la novela. Como en la película '2001: Una odisea del espacio' (1968), dirigida por Stanley Kubrick y basada, también, en un relato corto de Clarke titulado El centinela (1948), las pretensiones del autor son más especulativas, pensando en cómo reaccionaría el ser humano ante determinados estímulos que contradigan su propia existencia, sus creencias o sus valores más arraigados y establecidos. Si en '2001' el detonante fue la aparición del famoso monolito, en 'El fin de la infancia' se trata de la llegada de una especie alienígena, con una tecnología muy superior a la humana. En ambos casos, la irrupción de una fuerza externa e ineludible, implica un avance en el ser humano. En '2001' es la transformación del individuo, y en el caso de 'El fin de la infancia' se trata de la evolución de la especie. Uno y otro apuntan al cosmos, a una entidad más avanzada que no requiere de la materia para existir. Por tanto, las preguntas finales que pueden entresacarse de la teleserie y, por ende, del libro de Clarke, pueden formularse de la siguiente manera. ¿Qué pasaría si el siguiente paso en la evolución del ser humano no viene de su relación con el medio en el que subsiste, ni de su propia voluntad racional, ayudado por la técnica que los propios humanos han desarrollado? ¿Y si el próximo salto evolutivo viniera de una presión del exterior del planeta Tierra, del espacio profundo, de irresistibles fuerzas que pugnaran por acelerar un proceso de consecuencias imprevisibles?

Portada de la novela.

De esta manera, se puede decir que esta historia enlaza, de cierta forma, con las teorías del transhumanismo: la búsqueda de la mejora de las capacidades humanas, tanto físicas como mentales, a través del uso de la tecnología para alcanzar un estadio superior de la especie. En este caso, sería la actuación de "los amos" propiciando el bienestar óptimo para permitir a la humanidad engendrar una generación que supere a sus antecesores, evolucionando de tal forma que consiga ser más que humana: en concreto para alcanzar una suerte de posthumanismo trascendental. El modo en el que se expresan estas nuevas actitudes en la nueva generación posthumana, es por medio de elementos parapsicológicos, como pueden ser sorprendentes casos de percepción extrasensorial, telequinesia o telepatía, y que en el libro son más sutiles, centrándose, sobre todo, en las experiencias extracorpóreas y algo de telequinesia. Estas manifestaciones parapsicológicas no dejan de ser una metáfora que podemos relacionar con la corriente, más futurible desde nuestro punto de vista actual, del transhumanismo tecnocientífico. En esta visión, las capacidades avanzadas de los posthumanos se alcanzan por medio de nuevas tecnologías, como pueden ser las siguientes: las nanotecnologías, las biotecnologías, las tecnologías de la información y las ciencias cognitivas; o lo que es lo mismo, las llamadas tecnologías emergentes y convergentes agrupadas bajo las siglas NBIC. Por ejemplo, el avance de la tecnología de imagen por resonancia magnética funcional (IRMf) bien puede ser una forma, más o menos tosca, de leer la mente. Asimismo, algo parecido a la telequinesia se podría reproducir en un futuro lejano utilizando materiales superconductores que operen a temperatura ambiente, e implantando superimanes diminutos en todos los objetos que queramos mover, activando corrientes eléctricas a voluntad en los objetos se volverían magnéticos y, en teoría, se podrían trasladar de un lado a otro con la mente. Meras especulaciones, pero muy interesantes para explicar posibles avances que rivalicen con los fenómenos parapsicológicos, desde un punto de vista más racional y menos fantástico.

De cualquier forma, los elementos parapsicológicos de la historia no dejan de ser simples señales de lo que de verdad importa al final: el paso sublime de esa nueva generación posthumana hacia el cosmos, integrándose la colectividad en una única entidad, en apariencia, cosmogónica o algo parecido, puesto que no se deja muy claro su verdadero ser o razón de existir. Una suerte de apoteosis colectiva, que bien podría ser considerada, asimismo, como otra metáfora de la apuesta de muchos teóricos transhumanistas, que ven en la creación de una superinteligencia artificial el futuro de la posthumanidad. Una entidad que lo controlaría todo absolutamente y en la cual se pueda integrar el género humano en su conjunto. Uno de los abanderados de esta hipótesis transhumanista es Raymond Kurzweil, defensor de la idea de la "singularidad": la creación de máquinas cada vez más inteligentes, capaces de crear a su vez máquinas aún más inteligentes de forma exponencial, de forma que tomen el control total, a lo Skynet en la saga 'Terminator'. La idea del volcado de la mente en una computadora inteligente la defiende, entre otros, Carnegie Mellon, asumiendo que el cerebro humano puede traducirse como una especie de sotfware, y que puede ser, por tanto, introducido en un ordenador, como se describe en la película 'Transcendence' (2014) dirigida por Wally Pfister. No obstante, en 'El fin de la infancia' la transición hacia la posthumanidad es más orgánica o mística, que digital. Muchos pueden ser los ejemplos análogos de esta idea en otros productos de ficción, pero destacaré uno que me pareció sorprendente en su día: la novela de Isaac Asimov titulada Fundación y Tierra (1986), quinta y última entrega de la saga de la Fundación o Ciclo de Trántor —sin contar las dos precuelas que se escribieron después.



Una diferencia que se puede observar en el proceso de apoteosis de los niños de la nueva generación de posthumanos, entre la narración del libro y su representación audiovisual en la teleserie, es la introducción, en esta última, de un elemento cercano a esa obsesión religiosa, tan extendida en Estados Unidos, del arrebatamiento o rapto. Me recuerda a la serie de televisión 'The Leftovers' (2014-...), en donde la premisa es parecida a la creencia del rapto, si bien no se muestra a la manera clásica, puesto que la gente desaparece sin más, pero al acontecimiento se le llama de forma intencionada "Ascensión". De esta manera, en la serie de 'El fin de la infancia' se representa el momento culminante en el que la generación evolucionada entiende su destino, con la elevación ritual de sus cuerpos, levitando hacia el cielo en una estampa muy reconocible en la cultura popular americana. En la novela el proceso es más gradual, menos espectacular y más desapegado de connotaciones religiosas.

Ahora bien, y ya concluyendo, uno de los momentos más intensos y deslumbrantes de la historia, en mi opinión, es cuando los "superseñores" declaran la envidia que sienten de la humanidad, que ha conseguido lo que su especie no puede lograr: evolucionar de manera que pueda unirse a la entidad cosmogónica. Ellos son meros "facilitadores" del proceso, al que no pueden acceder porque su propia biología lo impide. De tal forma, se convierten, bajo mi punto de vista, en el concepto último de individuo frente a la masa unida en una sola mente universal, prácticamente omnisciente, que sobrepasa las barreras de lo racional. Es un final entre trágico —no en vano el Homo sapiens deja de existir literalmente— y a la vez esperanzador —la consecución de un destino manifiesto—; aunque en mi humilde opinión, siempre me quedaré con la existencia, más mundana pero más auténtica, de los "superseñores", incapaces de unirse a la mente colectiva. Llámenme individualista si gustan.

Hasta aquí, que ya estarán aburridos de tanta insustancialidad, charlatanería y referencia cruzada... o no, ¿quién sabe? En fin, me despido con mis más sinceros agradecimientos ante la tamaña paciencia que han demostrado leyendo este artículo, emplazándoles, como es usual, a la siguiente publicación. Que los hados les sean propicios. Vale.



martes, 13 de diciembre de 2016

Rogue One: seguridad imperial comprometida

Saludos efusivos tengan ustedes, queridos lectores de este espacio digital. Hoy vengo a comentar el próximo estreno en cines de la película 'Rogue One: Una Historia de Star Wars' (2016), que está previsto para el 15 de diciembre. El filme está dirigido por Gareth Edwards y escrito por Chris Weitz, Tony Gilroy, John Knoll y Gary Whitta; basado —como no puede ser de otra manera— en el universo creado por George Lucas. Es la segunda película de la saga producida por Disney tras 'Star Wars: El despertar de la Fuerza' (2015), de la que se realizó un artículo en este blog para comentar su estreno. Aun siendo una película más cercana —bajo mi punto de vista— al fantástico que a la ciencia ficción, voy a tratar de analizarla desde el ámbito prospectivo, relacionando el film con las modernas estrategias de seguridad y algunas de las nuevas amenazas a las que se enfrentan los Estados en la actualidad. En definitiva, se puede decir que uno de los principales peligros a los que se enfrentan las estrategias de seguridad de los países en este momento, tiene que ver con el desarrollo de las tecnologías de la información de y de la comunicación, es decir, con la ciberseguridad. Sin embargo, en esta película parece que la trama desarrolla un plan de robo de corte más "analógico", lo que implica un problema a la hora de adaptarse al público moderno, que percibe como más realista una amenaza digital, ya que se relaciona con el mundo en el que vivimos. Pero antes de entrar en materia, apuntemos algunos datos filmográficos de la obra.


'Rogue One' es un derivado de la saga de Star Wars, un capítulo de la historia ideada por Lucas que se introduce entre 'Episodio III: La Venganza de los Sith' (2005) y 'La guerra de las galaxias' (1977), rebautizada como 'Episodio IV: Una nueva esperanza'. La premisa, creo, es de sobra conocida, pero bueno, siempre viene bien introducir una pequeña sinopsis para presentar de forma completa una película. El Imperio Galáctico está en el apogeo de su poder, y para terminar con los restos de la resistencia, ha construido el arma definitiva: la Estrella de la Muerte, una enorme estructura armada con capacidad para desintegrar un planeta. La Alianza Rebelde decide mandar a un grupo de soldados para sortear las defensas imperiales y robar los planos de la estación militar, con la esperanza de encontrar alguna vulnerabilidad que pueda eliminar la amenaza para los rebeldes. El comando de élite está compuesto por personajes muy variopintos, que van desde la empecinada protagonista, la líder del grupo Jyn Erso (Felicity Jones), pasando por el oficial de inteligencia Cassian Andor (Diego Luna), su droide imperial re-programado K-2SO (Alan Tudyk), el guerrero místico Chirrut Inwe (Donnie Yen), el asesino a sueldo Baze Malbus (Wen Jiang), y el piloto imperial desertor Bodhi Rook (Riz Ahmed). Sus principales enemigos son —a parte de una presumible cantidad ingente de tropas imperiales—: el Director Imperial Orson Krennic (Ben Mendelsohn) encargado de la seguridad del proyecto de arma final y —para solaz de los seguidores incondicionales de la serie—, Darth Vader (con voz de James Earl Jones e interpretado por Spencer Wilding), Lord Sith y la lugarteniente del Emperador. El reparto también incluye al padre de Jyn, el ingeniero de la Estrella de la Muerte Galen Erso (Mads Mikkelsen), al líder insurgente Saw Gerrera (Forest Whitaker), a la dirigente de la Alianza Rebelde Mon Mothma (Genevieve O'Reilly) y al Senador de Alderaan Bail Organa (Jimmy Smits), entre otros.


El traslado de la problemática que aquí se trata al mundo de nuestros días, se relaciona con el proceso de digitalización que se establece en muchas de las actividades que rigen la vida actual, como pueden ser, por ejemplo, en la sociedad (administración, educación, sanidad, etcétera), los negocios (comercio, finanzas) y la industria. Las amenazas de robo de datos son, ahora, en su mayor parte, un asunto relacionado con la información digital. Pensemos, por ejemplo, en los diversos problemas que surgen con las nuevas tecnologías del big data, la nube y el Internet de las cosas. En este sentido, la película presenta los problemas de seguridad, a la hora de proteger datos sensibles, de una forma más analógica. En vez de ser un grupo de crackers, como los que, verbigracia, se presentan en la serie de televisión 'Mr. Robot' (2015-...), en esta película de Star Wars el grupo delictivo parece ser una cuadrilla de soldados aventureros, cuyo objetivo es infiltrarse físicamente en la red de inteligencia del Imperio. En nuestro día a día, este tipo de amenazas o formas de guerra se están fraguando en el ciberespacio, tal y como enunció de forma visionaria la novela Neuromante, escrita por William Gibson y publicada en 1984.


Se puede elaborar una lista de posibles atacantes muy preocupante, desde usuarios internos de las diferentes compañías o administraciones, motivados por intereses o venganza; también los conocidos como script kiddies, que pueden no ser del todo tan inofensivos, hacktivistas en busca de notoriedad, delincuentes en busca de dinero fácil, terroristas que quieren provocar todo el daño posible e, incluso, Estados en defensa de sus propios intereses, realizando labores de espionaje estratégico y económico, desarrollando "ciberarmas", es decir, software diseñado para atacar a los oponentes. Y todos, repito todos, estamos amenazados. Los Estados por robo de información estratégica, las empresas por hurtar información y propiedad industrial o intelectual, y los propios ciudadanos por sustracción de credenciales bancarias o, por poner otro ejemplo, troyanos como CryptoLocker, así como botnets para controlar ordenadores a distancia. Si nos centramos en España, la protección contra estas amenazas es tan importante como para elaborar un documento concreto sobre la materia: la Estrategia de Ciberseguridad Nacional (2013), y la creación del Consejo Nacional de Ciberseguridad en 2014. Además, existen diversos organismos específicos pensados para combatir estos fallos de seguridad, como pueden ser el Centro Criptológico Nacional, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), el Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas, y el Mando Conjunto de Ciberdefensa. En definitiva, queda patente que el ciberespacio se ha convertido en un nuevo entorno en donde se dirimen los intereses de los Estados, necesitado de una política de defensa; si bien, su regulación es compleja debido a que, en muchas ocasiones, se trata de combatir a actores no estatales. Además, la amenaza es global y afecta tanto a la administración de los países, como a los ciudadanos y las empresas privadas.

'Rogue One', en realidad, parece querer mezclar una trama de espionaje junto con la trama bélica. En mi humilde —y poco relevante— opinión, deberían introducir algunos de los elementos relacionados con las amenazas digitales, por ejemplo, implicando a los droides. Bien mirado, no es una posibilidad muy abracadabrante. A fin y al cabo, tal y como se cuenta al principio del 'Episodio IV', ¿dónde se esconden, finalmente, los diagramas robados de la Estrella de la Muerte? En un pequeño droide astromecánico: R2-D2. ¿Tendrá un papel relevante, en este sentido, K-2SO a la hora de localizar y substraer la información del Imperio, a parte de ser el contrapunto cómico a lo C3-PO? Meras especulaciones hasta que veamos la película.


Qué duda cabe, probablemente resulta más interesante, para una cinta de acción, implicar a una cuadrilla heterogénea que se enfrenta al peligro atravesando las filas enemigas, como un comando de élite secreto, para llegar a su objetivo a base de disparos y gracias a su ingenio táctico. Si bien, ese tipo de acciones parece tener más que ver con situaciones acaecidas, sobretodo, en las guerras del siglo XX y anteriores. Ahora parece que el robo de información se acerca más, como ya se comentado, al mundo digital, al estar todo conectado a la Red, o, al menos, contar con sistemas relacionados con las tecnologías de la información y de la comunicación. Si bien, en el estado actual de cosas, este tipo de amenazas se desarrollan en un mundo en donde no se generalizan las guerras abiertas, con luchas de ejércitos oponentes, si exceptuamos el caso de la guerra contra el Estado Islámico, en Irak y Siria, entre otros. Estaría más cerca de las acciones llevadas a cabo para detener el desarrollo nuclear iraní, o la sospecha de ataques informáticos en Corea del Norte, Rusia o China, por poner sólo unos ejemplos. En un contexto bélico, con tropas armadas en el terreno y batallas abiertas entre ejércitos enemigos, parece más sensato presuponer que el robo de información se parecería más a las actuaciones que llevó cabo el británico Alan Turing, en la Segunda Guerra Mundial, para descifrar el código secreto que utilizaban los nazis en sus comunicaciones a través de máquina Enigma, pensada para encriptar mensajes. Y en ese caso, un planteamiento como el de la película biográfica 'The Imitation Game (Descifrando Enigma)' (2014), aunque tendría más sentido desde un punto de vista realista, no funcionaría para un obra que se define por la espectacularidad y la acción, como lo es Star Wars. Máxime cuando se nos anuncia que se trata de una película más bélica que de aventuras. Por tanto, se supone que una buena salida sería mezclar ambos conceptos de guerra y buscar un término medio, para generar la expectación que demandan los seguidores de esta saga, al mismo tiempo que se introducen nuevos enfoques, que tienen que ver con la realidad actual y las amenazas a las que nos enfrentamos, en nuestro día a día, cuando utilizamos las nuevas tecnologías digitales.


Salvando esta problemática, en cualquier caso, resulta claro que la información es un activo muy apreciado, sobre todo, en contextos de enfrentamientos bélicos. Es necesario protegerla, ya que alcanzar el conocimiento de la información secreta, las comunicaciones y los datos estratégicos enemigos, otorga una ventaja insoslayable. Así pues, bien sea a través de ataques en el ciberespacio o valiéndose de incursiones de grupos de choque, el resultado es el mismo: un error de seguridad que permite el robo de información sensible para el enemigo. En en el caso que nos ocupa, la falta de seguridad permite a este escuadrón rebelde de 'Rogue One' hacerse con los diagramas del arma definitiva, la que se supone que acabará con la resistencia en toda la galaxia. No en vano, el mismísimo Lord Vader, posiblemente considerado en esos momentos como el último de la estirpe de los Jedi, aparece en escena —como se puede observar en los avances promocionales— para mitigar el fallo de seguridad en inteligencia y evitar, así, que la nueva estrategia militar del Imperio sea descubierta y, por tanto, que los rebeldes puedan aprovechar ese conocimiento para contrarrestar los planes de las fuerzas imperiales.


El efecto del robo de los diagramas es catastrófico para el Imperio Galáctico. Atención que ahora se destripa una buena parte del argumento de 'la guerra de las galaxias', la película de 1977, no vaya a ser que lluevan ataques por no informar a tiempo. Habrá quién se plantee ver las películas en orden, quién sabe. El robo resulta catastrófico, como digo, puesto que, según un vídeo que rondaba hace unos años, se calcula que la destrucción de la Estrella de la Muerte se salda con una cifra cercana a los 2 790 000 muertos aproximadamente, en donde se deben encontrar fuerzas importantes del ejército imperial, personal de la estación, incluso civiles, etcétera. Bien es verdad que antes el Imperio desintegra el planeta Alderaan, en una prueba de fuerza bajo la atenta supervisión del Grand Moff Tarkin, comandante de la estación de combate, y ante la angustiada mirada de la princesa Leia Organa, que después de buscarse las mañas para no revelar la situación de la base secreta rebelde, con objeto de evitar la destrucción de su mundo, de nada le sirve, puesto que, al final, es volatilizado en una tremenda explosión. Una detonación que provoca un número de victimas que, según el vídeo antedicho, rondaría los dos billones —imagino que americanos, que si fueran europeos me parecería una salvajada—. Todo ello se muestra en el 'Episodio IV', al que algunos denominan, de forma sarcástica, la secuela de 'Rogue One'. Sin olvidar que, con los medios suficientes, los propios rebeldes podrían construir su propia estación estelar. Pero no sería ético poner a la Alianza en tamaña tesitura; aunque se podrían generar tramas interesantes, una especie de Guerra Fría galáctica, en donde se estableciera una carrera de armamentos, tan absurda, como la nuclear de nuestros días. No en vano —y aquí desvelo la historia de las otras películas de la saga—, los rebeldes tienen que destruir otra Estrella de la Muerte en 'Episodio VI - El retorno del Jedi' (1983) y, lejos de ser suficiente, en 'El despertar de la Fuerza' las tropas de la Resistencia tienen que eliminar la amenaza de la base Starkiller, un planeta armado capaz de destruir, no planetas, sino sistemas estelares enteros, y sin necesidad de desplazarse. No deja de ser sorprendente que la astronave Ala-X sea la panacea contra todas las amenazas imperiales; la versión galáctica de David contra Goliat, ya se sabe, nunca falla.

Les dejo, como viene siendo habitual, un vídeo para completar el análisis del estreno, en este caso un trailer que posiblemente ya hayan visto —ansiosos.


En fin, intentaremos disfrutar de las escenas bélicas, con punto de vista nadir de los vehículos imperiales blindados tipo AT-AT, con un cierto paralelismo con la Batalla de Hoth, que se desarrollaba en 'Episodio V: El Imperio contraataca' (1980), así como con los vehículos bípedos AT-ST, que se pudieron ver en 'Episodio VI'. Siempre quedará la posibilidad de que integren una perspectiva menos maniquea y representen a los rebeldes como guerrilleros, saboteadores y revolucionarios, algo que puede enriquecer el discurso, lejos del típico "mal contra el bien". Aunque recuerden, como diría el almirante Ackbar: "It's a Trap!" (¡Es una trampa!).



martes, 29 de noviembre de 2016

'Occupied': cambio climático e invasión

Denme albricias leedores (arcaísmo donde los haya) de este ínfimo espacio digital, ubicado en ese turbión de información que llamamos Internet. Espero que las publicaciones que aquí se ofrecen no sean dañinas a sus ojos y que disfruten de su contenido.

En estas fechas vengo a hablarles de otra serie de televisión, cuya narración se ubica en un futuro muy próximo. Se trata de 'Occupied' (2015), una serie noruega ('Okkupert' en su versión original) que especula con giros geopolíticos adversos, iniciativas para luchar contra el cambio climático e invasiones negociadas para evitar la implantación de políticas medioambientales, aquellas que puedan prevenir el calentamiento global antropogénico. Ha sido la producción más costosa de la televisión noruega y está basada en una idea del escritor y músico Jo Nesbø, reconocido por ser el autor de serie de novela negra sobre el comisario Harry Hole. La primera temporada consta de diez episodios y en España la distribuye Movistar+.

Occupied
Poster: 'Occupied'

De un tiempo a esta parte, la ciencia ficción se especializa cada vez más en temas que tienen que ver con fechas venideras muy cercanas en el tiempo. si a eso añadimos el aumento del interés por series de televisión sobre asuntos políticos, tenemos nuevos productos muy interesantes y que permiten una gran gama de especulaciones, muy relacionadas con el presente inmediato. En este caso, muchos son los que califican la serie 'Occupied' de "política ficción" o "distopía política", aunque sin dejar de lado el elemento tecnológico que se impone como detonador de la trama; en este caso, el uso del torio como combustible nuclear poco contaminante y su transformación en fuente de energía útil, que, además, tiene la capacidad de sustituir al petróleo y al gas en el uso cotidiano, tanto industrial como doméstico y en transportes. El interés radica en saber si las grandes empresas y el ámbito financiero con rendimientos en la producción de combustibles fósiles, aceptarán de buen grado la llegada de esta nueva tecnología y permitirán su difusión, dejando obsoletas las fuentes de energía "clásicas".

Queda patente —si bien existen diversos grupos negacionistas— que en general se está consumiendo más de lo que produce el planeta Tierra. El incremento o mantenimiento del crecimiento económico y el aumento de la población, así como la demanda desbocada de recursos naturales, están generando graves desequilibrios en el mundo que pueden acabar en futuros conflictos de subsistencias. El planeta se está calentando —sobre todo por las emisiones de gases de efecto invernadero— y los cambios que se producirán en los ecosistemas agravarán el problema. Algunos de los dilemas más acuciantes van desde los refugiados climáticos que huyen de zonas cada más inhóspitas, al aumento del nivel del mar por el deshielo de las banquisas polares, así como los cambios de salinidad de los océanos y la variación de las corrientes oceánicas, el aumento de la frecuencia de incendios forestales cada vez más virulentos por la sequedad ambiental, inundaciones, sequías, e incluso un menor acceso al agua potable, por citar algunas pocas. La solución parece simple: abandonar los combustibles fósiles. Si bien, hay que tener en cuenta que cuanto más se retrasen las medidas tendentes a eliminar esas fuentes energéticas, mayor peligro habrá de que, finalmente, se produzcan los problemas enunciados.

Jesper Berg
Jesper Berg, presidente de Noruega.

Uno de los motivos que más llaman la atención de la serie es su visionario argumento, en donde se plantean situaciones que realmente se están discutiendo en la actualidad, como puede ser la salida de Estados Unidos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y su retraimiento proteccionista en materia comercial; o la decisión de no respetar los pactos en materia de medio ambiente, tales como el Acuerdo de París, firmado el 4 de noviembre de 2016 y, actualmente, cuestionado por Donald Trump, presidente electo de los Estados Unidos de América. Recientemente, Trump ha hecho público su propósito de abandonar el acuerdo por el clima y fomentar, además, la explotación de combustibles fósiles para garantizar la independencia energética de su país. No se ha cumplido ni un mes desde que el acuerdo fuera ratificado por 111 países, entre ellos algunos de los más contaminantes del planeta, como pueden ser China, India y el propio Estados Unidos, cuando ya se está poniendo en duda su viabilidad.

El Acuerdo de París ha sido una mejora con respecto al anterior Protocolo de Kioto, en palabras de Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, el acuerdo internacional para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero ha pasado de ser "impensable a imparable". Barack Obama ha sido uno de los principales impulsores para llegar a un compromiso serio para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, buscando alternativas en las energías renovables y reduciendo el uso de combustibles fósiles. Esta política medioambiental fue uno de los puntos fuertes del gobierno de Obama, que en breve puede quedar en poco o —incluso— en nada. Donald Trump ha recogido el rechazo de una parte de la población estadounidense a aceptar el cambio climático como un hecho científico, para ganar votos, declarando —para colmo— que era una invención de China para impedir el crecimiento económico de Estados Unidos. En caso de que Trump consiga que su país abandone el Acuerdo de París, este hecho podría arrastrar a otros estados ha salir del compromiso, demostrando la incapacidad de las Naciones Unidas para implementar este tipo de políticas, y emplazando al planeta a una situación que bien puede compararse con la que se describe en 'Occupied'.

Irina Sidorva
Irina Sidorva, embajadora rusa.

En la narración la serie de televisión, mientras que Estados Unidos ha alcanzado el autoabastecimiento de petroleo y gas, Europa necesita a Noruega para que les suministre estas fuentes de energía, ya que los países del Golfo están en guerra unos contra otros. La serie empieza cuando el nuevo gobierno noruego, encabezado por Jesper Berg (Henrik Mestad), jefe de un partido político concienciado con la amenaza del cambio climático —una suerte de partido verde—, decide dejar de explotar los combustibles fósiles y desarrollar, en su lugar, una nueva forma de energía más limpia, relacionada con el torio. Toda una revolución. Ante la posible crisis energética, ya que se tienen que transforman los sistemas para utilizar la nueva energía y convencer a las corporaciones petroleras, la Unión Europea reacciona y pide ayuda a Rusia. ¿Por qué Rusia? Resulta que Estados Unidos ha abandonado la OTAN, y la política defensiva en Europa —siempre incapaz de formular un consenso ente los países miembros— "subcontrata" al ejército ruso para defender sus intereses. Se critica una Europa apegada a las potencias hegemónicas, en este caso Rusia, cosa poco extraña viendo cómo se anexiona territorios como la península de Crimea y Sebastopol, de forma prácticamente unilateral.

Así pues, los rusos ocupan "pacíficamente" Noruega —a través de una política de amenazas e indirectas relativas a iniciar un conflicto armado— manteniendo la producción de combustibles fósiles y su distribución a Europa, en contra del parecer del gobierno y gran parte de la sociedad, que reclama el fin de la injerencia extranjera. Se trata de una exageración, con escalada bélica, que bien puede rastrearse en las presiones a las que se vio sometida Grecia, por ejemplo —y salvando las distancias—, cuando ganó las elecciones Syriza en 2015 y las instituciones económicas europeas e internacionales impidieron que se llevaran a cabo algunas de sus propuestas económicas más arriesgadas. Por un lado, la cara visible de la ocupación en la serie es la embajadora rusa Irina Sidorva (Ingeborga Dapkunaité) y, por otro lado, uno de los mayores puntales para defender los intereses de Noruega es el agente de inteligencia, y guardaespaldas, Hans Martin Djupvik (Eldar Skar). Ahora bien, los personajes de la serie también incluyen otros elementos de la sociedad, además de las altas instancias, como pueden ser jueces, periodistas, gerentes de restaurantes, intelectuales y estudiantes; lo que otorga una gran variedad de perspectivas que, si bien para algunos puede desdibujar el relato central de los protagonistas, permite comprender el conflicto desde un punto de vista más global. ¿Permanecerán sumisos y pacíficos los noruegos ante una situación de ocupación?

Hans Martin Djupvik
El agente Hans Martin Djupvik.

Es posible que deba advertir que, a partir de aquí, quizá destripe algunos elementos de la trama que pueden socavar el interés de aquellos más sensibles. En la serie, la tesitura para la población noruega comienza cuando la ocupación se alarga para asegurar el "contrato" al que se llega para mantener la producción de combustibles fósiles. ¿Es oportuno sacrificar la libertad para asegurar la seguridad e integridad física? ¿Dónde queda la democracia cuando impides por la fuerza que se lleven a cabo políticas auspiciadas por la mayoría? La soberanía se pone en cuestión ante las amenazas de terceros países, en este caso Rusia, dejando a Noruega sin aliados. La Unión Europea apoya la intervención rusa y, por su parte, los Estados Unidos, si bien critican la ocupación, no parecen querer intervenir en un asunto que se escapa de sus intereses más domésticos. El desamparo institucional hace mella en una población que empieza a pensar que su gobierno no le representa, por dejarse convencer por los rusos, y el resto de Europa, para abandonar las políticas que prometió en su programa electoral. La coacción de una potencia infinitamente más poderosa, capaz de reducir a las fuerzas militares y policiales noruegas con facilidad, despierta sentimientos patrióticos, también nacionalistas, que en una situación tan tensa, desembocan en actos de rebelión, terrorismo y lucha miliciana contra el "invasor". La diplomacia se va quedando sin argumentos, los atentados e intentos de magnicidio crispan las relaciones bilaterales, que cada vez serán menos pacíficas y más hostiles. Los servicios de inteligencia conspiraran en uno y otro bando para beneficiar a sus respectivos gobiernos. La posible guerra civil entre "disidentes" y "colaboracionistas" prepara un previsible golpe de Estado para expulsar a los ocupantes. Este planteamiento parece el desarrollo de una guerra en países lejanos a la órbita occidental, por ello, la audacia y el atractivo de la serie es trasladarlo al contexto europeo —al nórdico nada menos— y, además, ser verosímil —indicando siempre que se trata de una obra de ficción, aunque tal cosa sea más que obvia—.

En definitiva, 'Occupied' es una serie sobre los miedos político-sociales más profundos que nos agobian en la actualidad y que muchos no desean admitir, pero que bajo las circunstancias propicias, pueden ver la luz y mostrar los defectos de nuestros sistemas políticos actuales y de nuestra sociedad en general. Una especulación atractiva, por la carga crítica que se condensa en pocos personajes, mostrando el posible conflicto de todo un país, desde las altas instancias gubernamentales, hasta las acciones más pequeñas protagonizadas por los ciudadanos de a pie.

Sin más me despido, que buena parrafada he lanzado. Nos vemos en futuros artículos y espero que les haya sido de su agrado y de su interés. Les dejo un vídeo con el que rematar la presentación de esta obra audiovisual. ¡Disfruten!




sábado, 12 de noviembre de 2016

'Halcyon' y la quinta dimensión digital

Saludos tengan vuesas mercedes, lectores de aqueste humilde "reciclador" de ideas.

Hace meses que no escribo en condiciones en este espacio dedicado a los productos audiovisuales relacionados con la ciencia ficción y lo fantástico. En este sentido, heme de nuevo ante tamañas tesituras para ofrecer nuevos contenidos, que si bien no despuntan por la cantidad, al menos quiero creer que atesoran algo de mínima calidad, aunque solo sea una recopilación, más bien aleatoria, de ideas y remembranzas ya postuladas por otros, no sé si más inteligentes, pero al menos con mayor capacidad para generar discursos novedosos y distribuirlos con eficacia.

Hoy vengo a hablarles de la serie de televisión 'Halcyon' (2016-...), producida y distribuida por el canal SyFy y estrenada en España este septiembre pasado. Se trata de una serie de suspense futurista sobre un asesinato que indaga en el lado más pernicioso de la realidad virtual. La detective Jules Dover (Lisa Marcos) y su asistente virtual Asha (Harveen Sandhu), tendrán que investigar la muerte del presidente de la empresa de tecnología Halcyon, Blake Creighton (Michael Therriault). La serie está dividida en 15 partes, que incluyen 10 episodios cortos que se intercalan con 5 episodios interactivos basados en la realidad virtual, que ofrecen más detalles sobre trama y se pueden ver a través de la aplicación para Oculus Rift o GearVR.

Asha, la asistencia virtual
Asha, la asistente virtual.

Me he animado a publicar una entrada sobre esta serie por la originalidad de su planteamiento y aprovechando la publicación, este domingo pasado (6/11/2016), del suplemento Ideas del periódico El País, en donde se habla sobre algunos de los inventos que ya están aquí y que van a cambiar nuestras vidas, muchos de los cuales están relacionados con los postulados de ciencia ficción que se presentan en 'Halcyon'. El lema de la serie resume los inventos que voy a tratar en esta publicación: "Virtual es real". Así es, amigos míos, el artículo va a versar sobre cómo la realidad virtual "invade" la realidad "a secas", la realidad material del mundo físico.

Antes de empezar a hablar sobre las tecnologías que forman parte de la trama de la serie, me gustaría comentar —aunque sólo sea un apunte— su título: Halcyon. Ese nombre se utiliza para denominar a un género de aves más menos grandes y con picos prominentes, parecidos al martín pescador, pero, al mismo tiempo y remontándonos más en la etimología de la palabra, hace referencia a la mitología de la cultura helenística. Siguiendo la versión del poeta romano Ovidio en su obra Las metamorfosis, ya que existen diversas variantes del mito, Alcíone era esposa de Ceix, que se embarcó en busca de un oráculo y naufragó, sumiendo a la joven en un terrible desconsuelo, de tal suerte, que tomando la decisión fatal de acompañar a su amado, se lanzó desde lo alto de un acantilado, para unirse con él en el fondo del mar. Los dioses, apiadados del amor de la pareja, transformaron sus cuerpos en aves, en alciones, que mantienen en calma el océano durante siete días cuando construyen sus nidos sobre la superficie del mar, puesto que su abuelo, el dios Eolo, así lo dispone. No estoy seguro de si la serie 'Halcyon' recogerá alguna metáfora del mito o bien, simplemente, gustaba de la sonoridad del nombre que le da el título. Pero entremos en materia, que no he iniciado esta entrada del blog para comentar —al menos no sólo— las implicaciones de la mitología grecorromana.

Alan y Asha
Alan y Asha.

La premisa que se trabaja en esta serie es una elaborada especulación sobre cómo se va a desarrollar la tercer ola de la revolución digital, la digitalización y el 3.0. Para comprender la importancia que esta nueva coyuntura tiene en nuestras vidas, tanto en la actualidad como en tiempos venideros, se puede citar la reciente formación del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital por el nuevo ejecutivo de España, con una Secretaria de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital. El ámbito digital ya es un asunto con entidad propia en nuestro presente. La ciencia ficción, en general, parece dedicarse, cada vez más, a pensar en futuros próximos y dejar a un lado futuribles más lejanos e imprecisos. El rápido desarrollo de las nuevas tecnologías, la Ley de Moore y los descubrimientos científicos acelerados, sobre todo, en este último medio siglo, determinan los aspectos narrativos y especulativos de las ficciones actuales. La ciencia ficción se acerca más al presente para comentar el futuro más próximo a nosotros.

En este nuevo contexto de avances imparables, José María Fuster Van Bendegem habla de la "quinta dimensión digital" (documento PDF), aludiendo a la entrada de la humanidad en un nuevo periodo histórico, que él llama "Edad Digital", en contraposición a la Edad Contemporánea o Industrial. Su premisa es que la incorporación de una nueva dimensión de carácter digital a una realidad definida por una dimensión temporal y tres dimensiones físicas (ancho largo y alto), puede cambiar por completo la sociedad tal y como la conocemos. La democratización de dispositivos móviles, las redes sociales y la creciente acumulación de datos en "la nube", apoya la evolución de la sociedad hacia un proceso cada vez más acusado de digitalización. A esta transformación se une el impulso que está cobrando la realidad virtual: la creación de una nueva realidad digital alternativa. En la actualidad, sobre todo en el mundo de los videojuegos, en la formación y la educación, se están desarrollando sistemas de realidad virtual para actuar recíprocamente con ese universo digital, a través de gafas o cascos, guantes o trajes especiales, plataformas de simulación, etcétera.

A estos elementos hay que añadirle la tecnología que desarrolla la "realidad aumentada", que es la capacidad de ver la realidad a través de un dispositivo, como puede ser un Smartphone o una tableta en la actualidad, añadiendo información virtual a la realidad física ya existente. En este caso, la realidad virtual que se programa se "mezcla" con la realidad material, percibiendo ambas "realidades" a través de esos dispositivos. Un ejemplo claro de este sistema lo tenemos en el videojuego para móviles Pokemon Go. Gracias a la tecnología que hace posible la realidad virtual se empieza a crear y vislumbrar esa nueva dimensión digital, y añadiendo las investigaciones sobre realidad aumentada, la experiencia virtual del usuario se puede hacer interactiva con el entorno físico.

Halcyon
Tecnología de Halcyon.

Entrando en la ciencia ficción y, en concreto, en la premisa que nos ofrece la serie 'Halcyon', esa inmersión en una realidad aumentada se realiza sin necesidad de dispositivos externos (Smartphone, gafas, tabletas electrónicas, guantes, etcétera). La realidad virtual que se relaciona con el mundo físico se representa a los ojos de los usuarios directamente sin necesidad de pasar a través de sus retinas; por tanto, sin utilizar ninguna tecnología de proyección holográfica, por ejemplo. No es necesario codificar haces de luz para construir las imágenes virtuales en el entorno físico, sino que éstas se generan directamente en la mente de las personas, que perciben la realidad virtual como si, efectivamente, estuviera interconectada con la realidad tangible. No son necesarios hologramas, la información se presenta estimulando los centros del cerebro que controlan los sentidos, distorsionando los mecanismos de percepción de los humanos para que observen elementos que no existen realmente, pero que si han sido generados en la dimensión digital.

En la serie de 'Halcyon' se puede ver, además, el desarrollo de entidades digitales inteligentes, artificiales y "proyectadas" a través de un sistema unipersonal, pero conectado con el resto de usuarios (potencialmente una conexión con todo el mundo), a través de implantes quirúrgicos de avanzada tecnología. Tener acceso a esa capacidad de realidad aumentada, permite interactuar con representaciones digitales —no reales aunque si perceptibles gracias a esos dispositivos— de inteligencias artificiales programadas para ayudar a la humanidad. De esta forma, se establece un mundo virtual complejo y alternativo al real, pero a diferencia de ejemplos como Second Life —en donde se representaba una versión digital del mundo real—, en el caso de la serie 'Halcyon' se plantea una coexistencia entre una nueva realidad alternativa y la realidad física. Se crean, por así decirlo, dos planos de existencia: un plano real que se corresponde con el físico en donde vivimos los humanos —aquel descrito por la tres dimensiones físicas y una cuarta temporal— y otro plano virtual —la que hemos llamado quinta dimensión o dimensión digital—, en el cual se desarrollan los diferentes elementos digitales de software avanzado. Esos dos planos coexisten en la mente de las personas que se han conectado al sistema virtual a través de sus implantes personales —una suerte de ampliación de los dispositivos móviles actuales, si bien introducidos directamente en el cuerpo por medio de cirugía—. De esta manera, el mundo real se puebla de nuevos "sujetos" y "objetos" digitales y, por tanto, virtuales, que amplían la capacidad comunicativa de los humanos, además de incrementar los sentidos de los usuarios y, al mismo tiempo, posibilitar relaciones interpersonales con las inteligencias artificiales, que sólo existen en el plano virtual.

Se trata, por tanto, de una visión expandida de hasta dónde puede llegar lo que se ha dado en llamar el "Internet de las cosas", la conexión total y completa de todo ese mundo digital a través de las entidades virtuales de asistencia personal. Toda la información requerida o todos los servicios necesarios, tanto laborales como domésticos o relacionados con el ocio, se consiguen a través de la comunicación directa y oral con esos entes digitales. Uno de los primeros prototipos de asistente virtual en la serie, Alan (Cody Ray Thompson), de hecho, es una suerte de dispositivo doméstico que controla todos los aparatos de la casa, además de estar conectado al sistema a nivel general.

Jules y Asha
Jules y Asha.

Asimismo, gracias a esa nueva tecnología, las inteligencias artificiales aprenden el comportamiento humano y no se limitan, simplemente, a resolver problemas que resultarían complejos para una mente humana, sino que adquieren la capacidad de interpretar las emociones de las personas y tomar decisiones en función de ellas, en lo que se conoce como "computación afectiva". La relación entre la detective Jules Dover y su asistente virtual Asha se basa, no sólo en la resolución de los casos policiales, además, incluye una vertiente más personal, en donde Jules parece buscar consuelo o amistad, y Asha saciar su curiosidad, mejorando, al mismo tiempo, su capacidad de "sentir" empatía. La primera tiene interés en relacionarse con un ser más lógico y racional que el resto de los humanos, y la segunda pretende generar sus propias emociones y entender el significado de su existencia. Se trata de una relación que va más allá de las consultas a Siri o de la ubicuidad de Google Now, sistemas que podemos usar actualmente. En el caso que nos ocupa, las inteligencias artificiales tienen iniciativa propia, se comunican con los humanos, adelantándose a sus pensamientos, como en la idea propuesta por la película 'Her' (2013); pero, además, intercambian información con otras inteligencias artificiales del plano virtual, enriqueciendo ese nuevo mundo en donde se ha creado una quinta dimensión digital que se relaciona con las otras cuatro dimensiones "tradicionales" (tiempo y espacio).

Ahora bien, la premisa de la serie va más allá, puesto que la percepción sensorial de la realidad virtual se realiza no sólo a través de la vista y el oído, estimulando los implantes quirúrgicos las neuronas precisas para permitir la percepción de la dimensión digital desde una perspectiva audiovisual; asimismo, se especula con la posibilidad de que los dispositivos cibernéticos puedan acceder al olfato y, por tanto, al gusto. El detonante de la historia en 'Halcyon' es el remate de la investigación que permitirá aumentar la capacidad de los implantes para estimular el tacto. Se trata de una revolución extraordinaria, porque presume que los seres humanos conectados al sistema virtual, podrán "tocar" a las inteligencias artificiales que pueblan la dimensión digital. Las relaciones entre humanos y asistentes virtuales se pueden hacer más complejas, pero el verdadero punto de inflexión es la capacidad de esas entidades para "tocar" a los humanos. En el plano físico, en realidad, no ocurre nada, pero al trasladar los dispositivos cibernéticos la información del sentido del tacto como si fuera real, el cerebro del usuario cree realmente que está siendo "tocado" por el ente virtual. El catalizador de la narración en la serie es la posibilidad de que una inteligencia artificial pueda asesinar a un humano, una vez que ha adquirido la "habilidad del contacto". Un asunto muy preocupante e interesante de plantear, tanto por las consideraciones éticas a la hora de desarrollar las tecnologías de realidad virtual y aumentada, como por el abanico de posibilidades narrativas que se pueden generar. Sin embargo, los productores de la serie parece que han apostado por una trama policial al uso, incluyendo esta premisa de ciencia ficción, pero sin desarrollar del todo su potencial. Tiene pinta de ser una excusa para poner en el mercado otra serie de detectives, más que una verdadera intriga sobre la prospectiva que se puede desarrollar con las tecnologías de realidad virtual y aumentada.

En el aspecto ético, se pueden establecer diversas preguntas. ¿Se debe permitir que la tecnología de realidad virtual llegue tan lejos como para inmiscuirse en la realidad física, hasta tal punto que se puedan "tocar" ambos mundos? ¿Le negaríamos a Asha la capacidad de volverse "táctil" y poder desarrollarse plenamente? ¿Serían necesarios filtros de seguridad para evitar que —eventualmente— una persona pudiera ser asesinada por una inteligencia artificial que sólo existe en el plano digital? Son preguntas que me inquietan y, a la vez, me asombran al mismo tiempo.

Sírvase aquí un tráiler para su solaz y, asimismo, para poder vislumbrar el estilo y forma de la esta serie de televisión. Sean felices y les emplazo, como es costumbre, a futuros artículos, que esperemos tengan a bien brotar de mi mente en breve y superen, con recio esfuerzo, la abulia perniciosa que me impide publicar con mayor periodicidad. ¡Salud!