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domingo, 15 de enero de 2017

'El fin de la infancia', utopía y posthumanismo parapsicológico

Reciban saludos efusivos, mis queridos lectores, y sean, de nuevo, bienvenidos a este espacio para la reflexión sobre las producciones audiovisuales relacionadas con la ciencia ficción y la fantasía. En estos fríos contextos invernales, me presento para comentar el estreno de la miniserie 'Childhood's End - El fin de la infancia' (2015), basada en la novela homónima escrita por Arthur C. Clarke en 1953 y producida, en esta adaptación televisiva, por la cadena de televisión SyFy. Ha sido estrena en España estas navidades pasadas. Pensaban que este año nuevo no iba a continuar con estos arranques de reflexión sobre el cine y la televisión que consumo, pues aquí me tienen otra vez. Aún tengo cierto prurito que me impele a continuar con esta insana labor.


La sinopsis de la historia puede resumirse en el primer contacto de la humanidad con una raza alienígena de increíble capacidad tecnológica, y la reacción de la gente de la Tierra ante la imposición de una utopía dirigida por los extraterrestres. El objetivo no queda claro al principio, pero las ventajas adquiridas, como la paz mundial, el fin de las enfermedades y la capacidad de cubrir todas las necesidades humanas sin esfuerzo ni trabajo, con el consiguiente aumento del tiempo de ocio y el interés por el estudio, consiguen que la mayoría de la humanidad acepte la nueva situación: una edad dorada. Si bien, algunas personas críticas con esa nueva forma de vida, se preguntan por el precio a pagar ante esas facilidades otorgadas por los alienígenas, que pronto empiezan a ser llamados los "superseñores" en la versión literaria traducida al español, en el original overlords y, en la serie de televisión, simplemente "los amos". La curiosidad humana está casi extinta, ya que no se necesita investigar cosas nuevas para mejorar la calidad de vida de las personas, puesto que todo lo necesario es proporcionado por los "superseñores". El sistema es bastante inmovilista y conservador, pero funciona a su manera. Sin embargo, esa utopía esconde un secreto que afecta al futuro del ser humano en su conjunto, algo que le hará plantearse su papel en el universo.

Se trata de un loable intento de SyFy por adaptar la novela de Arthur C. Clarke y buscar respetabilidad en la industria televisiva. La producción es correcta y los efectos especiales no son espectaculares pero funcionan bastante bien dentro del conjunto. Atrás quedan los cutre-subproductos a los que nos tenía acostumbrados esta cadena de televisión desde hace unos cuantos años: véase las diferentes producciones de 'Sharknado' y demás zarandajas de bajo presupuesto, que, en un momento dado, pueden divertirnos e incluso entretenernos, pero que, desde un tiempo a esta parte, deslucieron el potencial de la empresa encargada de distribuir —cuando aún se llamaba Sci-Fi Channel— la estupenda versión de la serie 'Galáctica, estrella de combate' (2004-2009). No me interpreten mal, encuentro su gracia en telefilmes como 'Dinocroc vs. Supergator' (2010), pero desde luego no son productos que vayan más allá del entretenimiento chusco y gracioso. Además, encuentro interesantes muchas de las premisas de series de televisión como 'Defiance' (2013-2015), 'Los 100' (2014-...) o 'Dark Matter' (2015-...), por poner algunos ejemplos de las más recientes. En este caso, se busca una reflexión más audaz, lo que me inspira confianza en la valoración del género y un interés diferente. Otro asunto es que lo consiga con mayor o menor acierto, pero el esfuerzo ya es un punto a su favor.

Ricky Stormgren (interpretado por Mike Vogel).

'El fin de la infancia' ha sido creada en formato de miniserie, con tres episodios que, en apariencia, tienen cierta correlación con las tres partes en las que se divide el libro homónimo de Clarke: primero el impacto que genera la llegada de los extraterrestres, segundo el desarrollo de la utopía y tercero la revelación final sobre los objetivos de "los amos". Sin embargo, una diferencia notable a tener en cuenta, es la amplitud de las elipsis temporales, que en la serie de televisión es mucho más reducida que en la novela. En cierto sentido se puede entender que el lenguaje audiovisual necesita condensar, en un tiempo más escueto, todo aquello que se narra en las páginas del libro, agrupar personajes y acelerar la trama para conseguir un producto más homogéneo. Ahora bien, se pierde cierto realismo en la evolución que se describe de la sociedad humana, pasando de varias generaciones en la novela, a una sola en la teleserie, lo que dificulta su credibilidad. Al mismo tiempo, los protagonistas deben aparecer en todos los episodios televisivos, mientras que en las diferentes partes del libro se presentan nuevos personajes, encargados de llevar el peso de la trama en cada momento temporal que se está narrando.

Esta elección lleva a erigir al representante de los humanos en su comunicación con los "superseñores" al estatus de protagonista durante toda la serie de televisión, cuando en la novela es un personaje que deja de aparecer tras su papel en la primera parte de la historia. De ser el Secretario de Naciones Unidas en la novela —cosa bastante lógica, por otro parte—, pasa a ser un simple granjero del interior de los Estados Unidos en la serie, Ricky Stormgren (interpretado por Mike Vogel), cuyo mérito no va más allá de haber mediado entre el pueblo donde vive y una empresa sobre asuntos de tierras. Imagino que pensaron que el punto de vista de un americano medio, autosuficiente, guapo, etcétera, consigue encajar mejor a la hora de empatizar con el personaje. Aspecto que podrían haber cubierto otros personajes de la historia, pero claro, son presentados más adelante, no desde el inicio. Este cambio, en concreto, ha llamado mucho la atención y más aún en su desarrollo posterior en los siguientes episodios. A la hora de alargar la historia del grajero elegido para comunicarse con los extraterrestres, los guionistas de la serie de televisión no pensaron nada mejor que introducir una historia de amor entre él y Ellie Stormgren (a la que da vida Daisy Betts), con su triángulo amoroso incluido, aunque en este caso con una mujer anterior ya muerta, Annabel Stormgren (Georgina Haig), mucha fruslería empalagosa, que llega a cargar tanto como para pasar rápido estas secuencias que, además, aportan bien poco a la historia en general, y un debate moral —quizá lo único interesante en este asunto— entre el ideal amoroso ya desaparecido y el amor actual, verdadero y tangible.

Milo Rodricks (interpretado por Osy Ikhile) y Rachel (a la que da vida Charlotte Nicdao).

Otro personaje importante en la historia es Milo Rodricks (interpretado por Osy Ikhile) con un rol importante a la hora de descubrir las verdaderas intenciones de "los amos". Su curiosidad insaciable, extraña en ese nuevo mundo, choca con la exigencia de no preguntar nada que la paternalista actitud de los alienígenas considera que sobrepasa el entendimiento y la capacidad de asimilación de los seres humanos. Un cambio que se puede rastrear en este personaje con respecto al libro de Clarke, viene dado por la necesidad en la serie de televisión de presentar al personaje desde el primer capítulo, cuando su principal aportación a la historia se desarrolla en los episodios siguientes. De tal forma, se introduce a un Milo niño, con problemas de adaptación social, añadiendo a su historia unos comienzos humildes para luego indicar que supera todas las trabas que la sociedad de clases puede imponer, etcétera. La superación personal de las desventajas económicas y sociales parece seguir siendo una subtrama a la que acudir a la hora de rellenar huecos en la historia. Además, se integra una historia de amor con Rachel (Charlotte Nicdao), que da más sentimentalismo al personaje con respesto al libro. Milo es, además, uno de los pocos personajes de la teleserie que envejece, más o menos, como debe ser, dadas las elipsis que se establecen entre los episodios. Ya que el resto de personajes permanecen inalterados durante los años trascurridos, resultando un tanto curioso y, a la postre, problemático para la credibilidad del avance temporal.

Siguiendo con otros personajes interesantes e importantes para la historia, hay que destacar a Jake Greggson (Ashley Zukerman) y Amy Morrel (Hayley Magnus), padres, como otros muchos, de una nueva generación de niños que han nacido en la utopía diseñada por "los amos" y que van desarrollándose metal y físicamente de forma diferente a como lo hacían las generaciones anteriores de seres humanos. El interés de Amy por la parapsicología en la novela, eliminado en la serie, es desestimado en un nuevo mundo en el que las explicaciones científicas no dejan casi ninguna duda sin responder. La añoranza artística y creativa de Jake, más o menos integrada en la teleserie, aunque sin aprovecharse de esta idea, choca con la nueva concepción uniformadora y estática, que empieza a considerar repetitivo y falto de interés una cualidad estética necesitada de conflicto para ser floreciente. No existen peligros ni riesgos en la nueva sociedad humana, por tanto, las creaciones artísticas se han "empobrecido", al descartar sentimientos humanos que han pasado de moda, ante la rápida evolución que marca la utopía. Una parte muy interesante de la historia se desarrolla cuando esta familia, junto con sus hijos, decide mudarse a Nueva Atenas. Se trata de una ciudad autárquica, fuera del ámbito de la utopía impuesta por "los amos", en donde se recupera el espíritu perdido del ser humano anterior a la llegada de los extraterrestres a la Tierra. Se permite algo de ese caos intrínseco a las sociedades actuales, se potencia la creatividad artística, se valora la cultura desarrollada por la humanidad a lo largo de los siglos, que parece estar amenazada por un desinterés manifiesto de los alienígenas y de las nuevas generaciones humanas, que empiezan a considerar el pasado como algo inservible para la forma de vivir que disfrutan. En la novela Nueva Atenas tiene un espacio amplio de tratamiento, que en la serie de televisión han limitado bastante. No se explota con la suficiente intensidad un conflicto que resulta bastante interesante, dejando meras pinceladas que no hacen justicia a esa rebelión pacífica.

Los niños.

Ahora bien, uno de los personajes que mayor entusiasmo ha generado es el supervisor Karellen, interpretado por Charles Dance —conocido por su genial papel como Tywin Lannister en 'Juego de Tronos' (2011-...). Se trata del "superseñor" alienígena encargado de dirigir la evolución de la Tierra hacia la nueva utopía. Es de agradecer un buen trabajo de maquillaje, que nos devuelve a las producciones más artesanas, obviando el uso abusivo de efectos especiales y otorgando al personaje un aura más cercana, a la par que permite percibir con bastante naturalidad las expresiones, gestos y, en general, la actuación de Charles Dance. No quiero desvelar mucho, ya que el aspecto de "los amos" es una de las sorpresas más sugestivas de la historia, punto que se ha mantenido del original en la serie de televisión. Más o menos se mantiene toda la trama relativa a este personaje desde la novela a la teleserie, si bien, se añaden algunos aspectos. En primer lugar se potencia la relación de Karellen con Ricky Stormgren, el granjero que han elegido para interactuar con el resto de la humanidad. Aporta un aspecto interesante en la visión más humanizada de Karellen que se quiere dar en la serie, siendo una relación menos fría que la descrita en la novela y otorgando al "superseñor" una empatía que le acerca más a la humanidad.

Por otro lado, se incluye un personaje en la serie de televisión, el cual no está en la novela original, que tiene su sentido a la hora de enlazar las tramas de los Stormgren y los Greggson, ya que en el libro no llegan a coincidir en ningún momento. Al comprimir el tiempo de la narración en la teleserie y necesitar introducir a Ricky Stormgren en la vida del resto de personajes, los guionistas han incluido a Peretta Jones (interpretada por Yael Stone), una fundamentalista cristiana que trata de ayudar a las dos familias con los problemas que surgen a raíz de su relación con los extraterrestres. Introducir un elemento religioso tan contundente en la serie de televisión, cuando en la novela se deja claro que la religiosidad ha desaparecido en la nueva sociedad, podría ser síntoma de una defensa a ultranza de los valores cristianos, que deformaría de forma ostensible el relato; pero nada de eso, la introducción del personaje dispone un debate sugerente sobre la rivalidad entre ciencia y religión. No llega a ser una defensa desesperada y, además —aquí desvelo algo de la trama—, termina venciendo la propuesta establecida por la novela, cosa que, personalmente, me agrada sobremanera. Si bien al final se hace un giro que bien pueden entender algunos como religioso —no cristiano—, aunque, por otro lado, se puede interpretar como algo más secular y mundano. Cada uno tendrá su propia interpretación.

Amy Morrel (Hayley Magnus) y Jake Greggson (Ashley Zukerman).

Entrando en los aspectos más metafísicos y en las ideas más profundas de la historia, me interesa señalar la especulación sobre la evolución de la especie humana que se describe tanto en la teleserie como en la novela. Nota bene, a partir de aquí es posible que destripe elementos del relato que algunos lectores consideren que no desean conocer hasta completar el visionado de la serie de televisión o la lectura del libro. Queden avisados.

El Homo sapiens es una especie en constante evolución, fruto de una presión selectiva a la hora de adaptarse al medio en el que vive, y que podría haberse extinguido en múltiples ocasiones, como así ocurrió, por ejemplo, con los Homo neanderthalensis, que desaparecieron hace unos treinta mil años. En el momento en el que el ser humano entra en la revolución neolítica, hace unos doce mil años aproximadamente, el resto de homínidos ya se han extinguido, el ser humano tal y como lo conocemos está solo. Desde aquella época en la que empezaron los primeros procesos de domesticación de vegetales y animales salvajes, el género sapiens no ha cambiado mucho, debido, sobre todo, a que no ha transcurrido el tiempo suficiente como para apreciar grandes modificaciones. Algunos de los cambios genéticos que se pueden destacar pueden ser la tolerancia a la lactosa en adultos, lo que permite beber leche durante toda la vida, o el color de la piel para adaptarse a diferentes climas en los que se ha establecido el ser humano. Si bien, en un futuro próximo, la evolución no la condicionará tanto el entorno como nosotros mismos. Influiremos en ella de manera distinta, conscientemente, o al menos así parecen concluir los indicios hasta la fecha.

Peretta Jones (interpretada por Yael Stone).

En general, es muy probable que el futuro de la evolución humana pase por la manipulación del código genético. Los avances en la ciencia y la tecnología así lo permiten y, al mismo tiempo, es de suponer que irán a más desde que se consiguió desvelar la secuencia del genoma humano en el año 2001 y el surgimiento, en estos años, de la biología sintética en donde se investiga con intensidad, así como la aparición de técnicas de edición genética como el CRISPR/cas9 en el año 2012, a raíz del trabajo de las investigadoras Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier. En la miniserie la evolución no se explica bajo la premisa de la manipulación genética, al igual que en la novela, siendo, en este sentido, una historia poco visionaria. Una novela bastante anterior, como es Un mundo feliz (1932) del escritor Aldous Huxley, sigue siendo más plausible a la hora de descifrar el futuro, hablando de una utilización intensiva de técnicas genéticas para conseguir, o eliminar, características físicas y mentales determinadas. Por poner otro ejemplo que trata de forma intensiva esta idea, en la película 'Gattaca' (1997) la capacidad de modificar a placer el genoma de los seres humanos, implica la posibilidad de añadir o quitar aquellos genes que interesen a los padres, creando, por tanto, humanos a medida, a la medida de cada progenitor, altos rubios, inteligentes, fuertes... en fin, eugenesia de primer orden, que recuerda a los intentos del nazismo en la década de los treinta y los cuarenta del siglo XX.

En cualquier caso, no es el objetivo de 'El fin de la infancia' ser completamente fiel a un futuro posible desde un punto de vista actual o desde el momento en el que se publicó la novela. Como en la película '2001: Una odisea del espacio' (1968), dirigida por Stanley Kubrick y basada, también, en un relato corto de Clarke titulado El centinela (1948), las pretensiones del autor son más especulativas, pensando en cómo reaccionaría el ser humano ante determinados estímulos que contradigan su propia existencia, sus creencias o sus valores más arraigados y establecidos. Si en '2001' el detonante fue la aparición del famoso monolito, en 'El fin de la infancia' se trata de la llegada de una especie alienígena, con una tecnología muy superior a la humana. En ambos casos, la irrupción de una fuerza externa e ineludible, implica un avance en el ser humano. En '2001' es la transformación del individuo, y en el caso de 'El fin de la infancia' se trata de la evolución de la especie. Uno y otro apuntan al cosmos, a una entidad más avanzada que no requiere de la materia para existir. Por tanto, las preguntas finales que pueden entresacarse de la teleserie y, por ende, del libro de Clarke, pueden formularse de la siguiente manera. ¿Qué pasaría si el siguiente paso en la evolución del ser humano no viene de su relación con el medio en el que subsiste, ni de su propia voluntad racional, ayudado por la técnica que los propios humanos han desarrollado? ¿Y si el próximo salto evolutivo viniera de una presión del exterior del planeta Tierra, del espacio profundo, de irresistibles fuerzas que pugnaran por acelerar un proceso de consecuencias imprevisibles?

Portada de la novela.

De esta manera, se puede decir que esta historia enlaza, de cierta forma, con las teorías del transhumanismo: la búsqueda de la mejora de las capacidades humanas, tanto físicas como mentales, a través del uso de la tecnología para alcanzar un estadio superior de la especie. En este caso, sería la actuación de "los amos" propiciando el bienestar óptimo para permitir a la humanidad engendrar una generación que supere a sus antecesores, evolucionando de tal forma que consiga ser más que humana: en concreto para alcanzar una suerte de posthumanismo trascendental. El modo en el que se expresan estas nuevas actitudes en la nueva generación posthumana, es por medio de elementos parapsicológicos, como pueden ser sorprendentes casos de percepción extrasensorial, telequinesia o telepatía, y que en el libro son más sutiles, centrándose, sobre todo, en las experiencias extracorpóreas y algo de telequinesia. Estas manifestaciones parapsicológicas no dejan de ser una metáfora que podemos relacionar con la corriente, más futurible desde nuestro punto de vista actual, del transhumanismo tecnocientífico. En esta visión, las capacidades avanzadas de los posthumanos se alcanzan por medio de nuevas tecnologías, como pueden ser las siguientes: las nanotecnologías, las biotecnologías, las tecnologías de la información y las ciencias cognitivas; o lo que es lo mismo, las llamadas tecnologías emergentes y convergentes agrupadas bajo las siglas NBIC. Por ejemplo, el avance de la tecnología de imagen por resonancia magnética funcional (IRMf) bien puede ser una forma, más o menos tosca, de leer la mente. Asimismo, algo parecido a la telequinesia se podría reproducir en un futuro lejano utilizando materiales superconductores que operen a temperatura ambiente, e implantando superimanes diminutos en todos los objetos que queramos mover, activando corrientes eléctricas a voluntad en los objetos se volverían magnéticos y, en teoría, se podrían trasladar de un lado a otro con la mente. Meras especulaciones, pero muy interesantes para explicar posibles avances que rivalicen con los fenómenos parapsicológicos, desde un punto de vista más racional y menos fantástico.

De cualquier forma, los elementos parapsicológicos de la historia no dejan de ser simples señales de lo que de verdad importa al final: el paso sublime de esa nueva generación posthumana hacia el cosmos, integrándose la colectividad en una única entidad, en apariencia, cosmogónica o algo parecido, puesto que no se deja muy claro su verdadero ser o razón de existir. Una suerte de apoteosis colectiva, que bien podría ser considerada, asimismo, como otra metáfora de la apuesta de muchos teóricos transhumanistas, que ven en la creación de una superinteligencia artificial el futuro de la posthumanidad. Una entidad que lo controlaría todo absolutamente y en la cual se pueda integrar el género humano en su conjunto. Uno de los abanderados de esta hipótesis transhumanista es Raymond Kurzweil, defensor de la idea de la "singularidad": la creación de máquinas cada vez más inteligentes, capaces de crear a su vez máquinas aún más inteligentes de forma exponencial, de forma que tomen el control total, a lo Skynet en la saga 'Terminator'. La idea del volcado de la mente en una computadora inteligente la defiende, entre otros, Carnegie Mellon, asumiendo que el cerebro humano puede traducirse como una especie de sotfware, y que puede ser, por tanto, introducido en un ordenador, como se describe en la película 'Transcendence' (2014) dirigida por Wally Pfister. No obstante, en 'El fin de la infancia' la transición hacia la posthumanidad es más orgánica o mística, que digital. Muchos pueden ser los ejemplos análogos de esta idea en otros productos de ficción, pero destacaré uno que me pareció sorprendente en su día: la novela de Isaac Asimov titulada Fundación y Tierra (1986), quinta y última entrega de la saga de la Fundación o Ciclo de Trántor —sin contar las dos precuelas que se escribieron después.



Una diferencia que se puede observar en el proceso de apoteosis de los niños de la nueva generación de posthumanos, entre la narración del libro y su representación audiovisual en la teleserie, es la introducción, en esta última, de un elemento cercano a esa obsesión religiosa, tan extendida en Estados Unidos, del arrebatamiento o rapto. Me recuerda a la serie de televisión 'The Leftovers' (2014-...), en donde la premisa es parecida a la creencia del rapto, si bien no se muestra a la manera clásica, puesto que la gente desaparece sin más, pero al acontecimiento se le llama de forma intencionada "Ascensión". De esta manera, en la serie de 'El fin de la infancia' se representa el momento culminante en el que la generación evolucionada entiende su destino, con la elevación ritual de sus cuerpos, levitando hacia el cielo en una estampa muy reconocible en la cultura popular americana. En la novela el proceso es más gradual, menos espectacular y más desapegado de connotaciones religiosas.

Ahora bien, y ya concluyendo, uno de los momentos más intensos y deslumbrantes de la historia, en mi opinión, es cuando los "superseñores" declaran la envidia que sienten de la humanidad, que ha conseguido lo que su especie no puede lograr: evolucionar de manera que pueda unirse a la entidad cosmogónica. Ellos son meros "facilitadores" del proceso, al que no pueden acceder porque su propia biología lo impide. De tal forma, se convierten, bajo mi punto de vista, en el concepto último de individuo frente a la masa unida en una sola mente universal, prácticamente omnisciente, que sobrepasa las barreras de lo racional. Es un final entre trágico —no en vano el Homo sapiens deja de existir literalmente— y a la vez esperanzador —la consecución de un destino manifiesto—; aunque en mi humilde opinión, siempre me quedaré con la existencia, más mundana pero más auténtica, de los "superseñores", incapaces de unirse a la mente colectiva. Llámenme individualista si gustan.

Hasta aquí, que ya estarán aburridos de tanta insustancialidad, charlatanería y referencia cruzada... o no, ¿quién sabe? En fin, me despido con mis más sinceros agradecimientos ante la tamaña paciencia que han demostrado leyendo este artículo, emplazándoles, como es usual, a la siguiente publicación. Que los hados les sean propicios. Vale.



domingo, 24 de abril de 2016

Sexta Temporada de 'Juego de Tronos'



Denme albricias, bienaventurados navegantes en este mar tempestuoso de las redes, les vuelvo a saludar sintiendo que no hayan recibido noticias del blog en estas semanas pasadas.

Me hubiera gustado tener más tiempo para incluir contenido, hablar sobre los múltiples estrenos de cine sobre el género narrativo que se trata aquí, como pueden ser: la continuación distópica de la historia de Tris en 'La serie Divergente: Leal', quizá menos exitosa que sus antecesoras; la desasosegante 'Calle Cloverfield 10', con un elenco muy reducido y aún más reducido escenario; el inicio de una nueva saga de reuniones de superhéroes en 'Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia', en este caso sobre el universo de DC (imagino que intentado imitar el ejemplo y el éxito de las sagas de Marvel); el atropello o genialidad que puede suponer 'Orgullo + prejuicio + zombis', pura gamberrada que en cierto sentido arranca una sonrisa; la innecesaria 'Las crónicas de Blancanieves: El cazador y la reina del hielo', estirando una historia que no creo que dé mucho de sí; la revisión de un clásico del terror y la fantasía en 'Victor Frankenstein', con un Daniel Radcliffe intentando alejarse del largo influjo de Harry Potter; o la nueva adaptación de 'El libro de la selva', con bien poco de imagen real y muchos efectos digitales.
Theon y Sansa helados de frío.

Hubiera tenido interés, asimismo, en comentar las nuevas series, o bien el estreno de las nuevas temporadas de aquellos programas televisivos, que son de interés por estar en concordancia con la temática que aquí se aborda, entre las que cabe destacar: la cuarta temporada de la excelente 'Vikingos', con su ligero contenido fantástico, medio ensoñación medio elemento mitológico; la nueva serie del canal Syfy 'The Magicians', una versión universitaria de Hogwarts, incluidos adolescentes con picores; la segunda temporada de 'Los 100', con su futuro postapocalíptico en una Tierra recuperada y, también, poblada de adolescentes con picores; o bien, centrándonos en la ficción patria, hablar sobre la segunda temporada de 'El Ministerio del Tiempo', con su acertada combinación de fantasía y acercamiento histórico-legendario al pasado español. En fin, y un largo etcétera, que este tiempo sin publicar a dado para mucho en el género fantástico y en la ciencia-ficción audiovisual.
Tyrion y Varys maquinando en la sombra.

En cualquier caso, uno de los motivos que me ha sacado del letargo -a parte de volver a entretenerme con la búsqueda de información y su publicación en la Web- es el estreno de la sexta temporada de 'Juego de Tronos' (2011-...). ¡Ay, perillanes! Winter is coming... O más bien ya está aquí. El invierno es ahora, con los caminantes blancos pululando por ahí, amenazando y asesinando sin piedad y sin aparente motivo, salvo convertir el mundo en un páramo yerto, helado y lleno de muertos vivientes.

Por un lado tengo unas ganas insaciables de continuar el visionado de la serie, me declaro fiel seguidor del programa y añadiré que cuando escucho la música de los títulos de crédito, se me erizan los pelos de la nuca. Por otro lado, esta nueva temporada va a ser la primera que no cuenta con un soporte claro en la versión primigenia de las novelas de George R. R. Martin. Hasta ahora, cada temporada podía adscribirse, más o menos, a uno de los libros de la saga, pero desde este momento el horizonte es más nebuloso e indescifrable. Si bien, es verdad que en temporadas anteriores se han añadido tramas y personajes que no aparecían en las novelas, adaptando el contenido de la narración al formato audiovisual -con gran acierto además-; en esta ocasión, los productores de la HBO se han volcado en incrementar y hacer patente la autonomía de la serie con respecto a los libros. Se espera que los guiones sean más independientes con respecto a la Canción de hielo y fuego y que la trama recorra derroteros que posiblemente serán diferentes a las próximas publicaciones de Martin. Pero en realidad, se puede decir que en ciertos aspectos la serie ha mejorado el contenido de la historia y casi ha superado, o al menos ha igualado, la calidad de las novelas. Así que el temor puede resultar infundado, pero qué quieren, por irrisoria que sea la amenaza, acaba pesando.
Jaime y Cersei, preparando la venganza.
Aun así, confiaremos en que los creadores de la serie tengan la suficiente capacidad –y la tienen- como para ofrecernos todo un espectáculo audiovisual. A fin de cuentas, el increíble trabajado realizado en anteriores temporadas y la enorme suma de recursos, tanto financieros como creativos, con los que cuenta la producción del programa y la HBO, hacen valer su calidad y nos dan buenas expectativas. Además, en España contamos con el especial aliciente de tratar de reconocer algunos de los escenarios elegidos para esta temporada, puesto que, como en la anterior, bastantes secuencias de exteriores han sido grabadas en nuestro país; entre los cuales podremos encontrar Gerona (Cataluña), el Castillo de Santa Florentina (en Canet de Mar, Barcelona), el Parque Natural de las Bardenas Reales (Navarra), el Castillo de Zafra (Guadalajara) y el Castillo  de Peñíscola (Comunidad Valenciana).
Arya, cegata.

Siguiendo con las semejanzas de la serie con España, en alguna tertulia televisiva he escuchado que un verdadero “juego de tronos” fue el periodo histórico conocido por los historiadores como “Los cinco reinos” durante el siglo XIII en la Península Ibérica, en donde convivían los reyes cristianos de León, Castilla, Portugal, Navarra y Aragón, que eran primos y pelearon entre sí por conflictos fronterizos, derechos de conquista y zonas de influencia; a lo que habría que añadir los reinos de taifas musulmanes del sur, surgidos tras la desintegración del califato de Córdoba, y reunidos de nuevo bajo el imperio de los Almorávides y más tarde bajo el régimen de los Almohades. Es cierto que este periodo de la historia de la Península es, bajo este prisma de comparación, tan complejo como la narración de 'Juego de Tronos', o incluso más complicado; si bien, no se sabe hasta qué punto el autor de los libros o los productores de la serie se han basado, o no, en estos acontecimientos. Hace tiempo se leyeron informaciones sobre el parecido entre algunas de las tramas del producto de ficción y el relato histórico de la Guerra de las dos Rosas, dentro de los conflictos dinásticos que se desarrollaron en Inglaterra durante el siglo XV. Este marco de inspiración parece tener más sentido, dado el ámbito anglosajón en el que se mueven los creadores de la narración, tanto el autor de las novelas como los productores de la serie.
Daenerys, prisionera de los Dothraki.

En cualquier caso, entusiasma pensar que la historia de la humanidad puede y debe inspirar estos productos de entretenimiento, otorgarles cierta dosis de realismo y de verosimilitud. Añades dragones y ciertos mecanismos mágicos y se obtiene un panorama enriquecedor, que puede aunar diversas expectativas con respecto al desarrollo de la serie, tanto las de aquellos que gustan de un relato más centrado en las posibilidades realistas de la trama, como aquellos que tienen interés en ver insertados sobre narrativas comunes o reconocibles, aspectos del ámbito sobrenatural, y ver qué tipo de historia puede resultar de tal mezcla.

Así pues, estaremos atentos al estreno de la sexta temporada, difundida en varios países de forma simultánea esta noche, en España a través de Movistar +.

Un saludo y recuerden, Valar Morghulis.


jueves, 18 de febrero de 2016

'The Walking Dead', vuelven la sangre y las vísceras




Saludos terrícolas y algún que otro jupiterino, que yo me sé.

En este momento, no vamos a hablar de pueblos extraterrestres ni de ciencia ficción en general. Lo que ahora nos ocupa son apocalípticas invasiones de zombis. Se trata del regreso de la serie de televisión 'The Walking Dead' (2010-…). ¿Hartos de vísceras y de cuerpos putrefactos que se arrastran? Ni por pienso. Se han grabado y filmado decenas de títulos y variadas versiones desde que George A. Romero creara su 'Noche de los Muertos Vivientes' (1968), ofreciendo al mundo, imagino que no conscientemente –o sí–, todo un subgénero del fantástico. Lecturas más o menos caricaturescas, parodias, reconversiones del mito, categorizaciones dispares, desde el terror hasta la acción, títulos más serios y otros francamente delirantes y chuscos. Véase a este respecto, de entre la multitud de posibles opciones, la película ‘Zombeavers (Castoreszombies)’ (2014). De este modo, el mito del zombi o del muerto viviente, ese oxímoron tan espeluznante, se ha asentado de forma contundente en la cultura occidental. La serie que nos ocupa se ha consolidado como uno de los productos televisivos de más éxito en la actualidad, tanto en la ficción norteamericana, como en los mercados de España y en Europa.
 
Rick y Daryl repartiéndose objetivos.

Desde el 15 de febrero se puede ver en Fox TV los nuevos episodios de lasexta temporada, que han sido muy publicitados en nuestro país, incluyendo un programa especial de monólogos sobre temática zombi, dividido en dos capítulos y al que han titulado ‘Zomedy Night’ (2016). En él se puede ver a un grupo de cómicos y actores españoles, como Goyo Jiménez, Berto Romero, Yolanda Ramos y Agustín Jiménez; que en su versión de muertos vivientes o de vivos que intentan sobrevivir al apocalipsis zombi, ofrecen una visión desternillante sobre todo lo que rodea al mundo de los "caminantes".
 
Goyo Jiménez caracterizado como un zombi.

La teleserie está basada en los comics homónimos escritos por Robert Kirkman e ilustrados por Tony Moore y Charlie Adlard, que han sido publicados por Image Comics. En general, se cuenta la historia de los días posteriores al apocalipsis zombi, en donde la mayor parte de la población mundial se ha transformado en muertos vivientes. Siguiendo a un grupo de sobrevivientes, liderado por el agente de policía Rick Grimes (interpretado por AndrewLincoln), podemos contemplar la eterna lucha de ese dispar conjunto de personas por encontrar un sitio seguro donde habitar en paz.

En los nuevos episodios de esta temporada, Alejandría deja de ser un lugar seguro, y los sobrevivientes deben volver a las andadas, convirtiéndose de nuevo en vagabundos y toparse, de nuevo, con muchos tormentos y vicisitudes. ¿Nuevos peligros o más de lo mismo? Veremos. Al parecer, la difícil relación entre los veteranos, seguidores de Rick, y aquellos que han vivido aislados, fuera de peligro –hasta ahora– en Alejandría, se verá acrecentada en la trama que se desarrolle durante esta segunda fase de la sexta temporada. Además, hará su aparición un nuevo villano, conocido como Negan (a quién dará vida JeffreyDean Morgan). Un líder sádico, que conocerán aquellos que lean los comics. No es mi caso, ya que no he tenido el gusto.
 
Glenn.

Una vez expuesta, de forma sucinta, la sinopsis general y la particular de lo que resta de temporada, se puede repasar la lista de algunos de los personajes que pueblan este mundo invadido por cadáveres que anadean. De forma jocosa, para hacerlo más ameno. Los nuevos episodios están protagonizados por Rick Grimes, el "superviviente definitivo"; Glenn, "inmortal Glenn", o más bien el "afortunado Glenn" (interpretado por Steven Yeun); Daryl Dixon, el "ballestero inconmovible" (al que da vida Norman Reedus); Carl, el "ya nunca más niño" (Chandler Rigg) ¡Cómo ha crecido el zagal!; Maggie la "granjera survivalist" (Lauren Cohan), Michonne, "katana inquieta" (Danai Gurira); Carol, la "vindicadora paternalista" (Melissa McBride); Sasha, "fusil avizor" (Sonequa-Martin Green); Abraham Ford, "mostacho perpetuo" (MichaelCudlitz); Tara (Alanna Masterson), Rosita (Christian Serratos), Eugene Porter (Josh McDermitt), etcétera.
 
Zombi putrefacto.

Pero hablemos, ahora, de los zombis, los verdaderos protagonistas de la serie: esos personajes que representan a las masas contra la individualidad, según diversos estudios de semiótica o Estudios Culturales. Los muertos vivientes "transforman" a los vivos. La masa consume al individuo, o bien, la cultura de masas se impone a la cultura elitista. La misma concepción del zombi se ha convertido en todo un fenómeno cultural de masas, como ya se ha apuntado, con una producción ingente de películas, series de televisión, videojuegos, novelas, comics, etcétera. La teleserie de la que hablamos hoy es, sin duda, uno de los productos que más ha expandido y consolidado ese mito del zombi; pero ¿qué nos mueve a interesarnos tanto por la figura del muerto viviente?

Por un lado, en este tipo de ficción se recogen dos de los mayores miedos de la humanidad: el temor a la muerte -que afecta a todos, ricos y pobres por igual- y el miedo al Otro -como el enemigo desde el cual nos definimos, en la dialéctica de la alteridad-. El muerto viviente no tiene conciencia, no desfallece, no ceja en su empeño de alimentarse de los vivos; o es destruido o te asesina. ¿Existe oponente más práctico al que hacer frente? Las preguntas sobran, sólo resta usar lo primero que se encuentra a mano para reducir al zombi. Así podemos contemplar escenas de una violencia extrema y ver, casi sin inmutarnos, cómo se masacra a decenas de enemigos con las más burdas tácticas: la escena del cortacésped en 'Braindead: tu madre se ha comidoa mi perro' (1992), dirigida por Peter Jackson, es un ejemplo icónico. Conjurar nuestros miedos siempre resulta interesante.

La mejor táctica para destruir zombis: el cortacésped.

Por otro lado, podremos ver de nuevo a los “walkines”, como les llamo yo en la intimidad, interpretando su existencia como una metáfora de una futura situación dentro en el contexto socioeconómico actual. Qué quieren, en ocasiones me siento identificado con ellos, sobre todo por las la mañanas, cuando me despierto ocioso e inútil y me deslizo a trompicones hasta el baño, en donde puedo echarme agua fresca a la cara y volver a ser persona. No soy el único, el pánico a los zombis tiene mucho que ver –más allá de peligrosos contagios de enfermedades ignotas– con que una ingente cantidad de personas, personas sí, no tengan más remedio que volverse amorales y dejar de respetar las normas establecidas. Esa gente cuya única salida para sobrevivir es implicarse en actos delictivos y pasar a un estadio de enfrentamiento continuo por los recursos.

A lo que me refiero es a que una gran cantidad de población desemboque en lo que muchos sociólogos llaman "subclase". Apartados de la sociedad, son aquellos que han quedado abandonados a su suerte y desesperados, a merced de las leyes del mercado, con empresas que producen más que nunca pero que, al mismo tiempo, despiden con mayor facilidad al necesitar menos empleados. Esa gente que se encuentra en demanda permanente de empleo, sin encontrar jamás una oportunidad; aquellos que no tienen ni oficio ni beneficio, que no disfrutan de una protección por parte de las instituciones públicas y, además, son desestimados y hasta despreciados por el resto de la ciudadanía. Quizá me extralimite y la comparativa no ha lugar. En cualquier caso, me estoy volviendo demasiado reivindicativo, y eso que no quería mezclar el contenido de este blog con la política, pero veo que me resulta imposible. Pero adelantar un posible apocalipsis y fin de la sociedad tal y como la conocemos, no es demasiado aventurado.

¿El final de The Walking Dead?

Puede que no exista subgénero más relacionado con la temática apocalíptica que el que nos ocupa. Los muertos se levantan y caminan por la Tierra, tal y como narra el Apocalipsis de Juan, es el juicio final/derrumbe del sistema. Salvo que aquí no hay cielo o infierno al que dirigirse, no hay balanza en la que pesar las almas: sólo una eterna campiña, putrefacta y en ruinas, además de un puñado de vivos cuyo futuro próximo es unirse a ese edén de igualdad, que es un orbe de seres sin individualidad. Los propios sobrevivientes son ya seres deshumanizados, reducidos al instinto de supervivencia, no demasiado alejados de los movimientos instintivos de los zombis, que les impulsan a alimentarse de entrañas frescas.
 
Detalle de El triunfo de la Muerte de Pieter Brueghel el Viejo (1562).

En definitiva ¿por qué nos gustan los zombis? Quizá sea porque en situaciones desesperanzadas, el malestar nos conduce a interpretar un futuro sin esperanza. Las gentes del Barroco lo tenían presente con la frase bíblica: Vanitas vanitatum omnia vanitas (Vanidad de vanidades, todo es vanidad). Aún más, como diría el clásico: Memento mori (Recuerda que vas a morir), frase susurrada al oído por un sirvo que se encargaba, ex profeso, de rebajar el orgullo de los generales romanos que desfilaban en triunfo. Nosotros, como en épocas pretéritas, también poblamos nuestros productos culturales con muertos que caminan, fruto del miedo ante un provenir sin opciones.

Ahora me sale la vena pesimista, pero si es útil para hacernos pensar, pensemos. Y basta ya de andar en jerigonzas. Consérvense sanos, mientras puedan.


sábado, 23 de noviembre de 2013

Quincuagésimo año de Doctor Who.

Buenas a todos, sé que he tenido el blog completamente abandonado estos últimos meses, y lo siento mucho, pero me han abrumado otros quehaceres, los cuales se han comido mi tiempo. De todas formas, vuelvo a las andadas e intentaré publicar aunque sea una vez a semana, para ir creando comunidad en este pequeño espacio de la red.

Una serie que ha traspasado las barreras del espacio y del tiempo. 
El motivo que me ha llevado a publicar hoy no es baladí, pues como la mayoría sabréis, se celebran los 50 años del Doctor Who, el serial británico de la BBC iniciado en 1963, que se puede considerar como una de las series fantásticas que más ha perdurado en el tiempo. Si bien los más entendidos la suelen dividir entre la versión clásica, que abarcaría el amplio periodo comprendido entre 1963 y 1996, y la versión moderna, que empezó a emitirse en 2005, y que ha alcanzado un éxito singular, del que pueden hablar las siete temporadas emitidas hasta la fecha (2013), y la ya anunciada octava temporada, que se estrenará el año que viene (2014). Tal es así, que incluso Google le ha dedicado su doodle, con un juego interactivo, y a los seguidores del fandom se les empieza a conocer como whovians.
La conmemoración del aniversario tiene un capítulo especial: "The Day of the Doctor", en el que se reunirán varios actores de anteriores temporadas, con una duración de 75 minutos, allanando el camino para a apoteosis que se espera para el final de la séptima temporada.


He de admitir que en mi caso, empecé a interesarme por la serie con la versión moderna. Había oído hablar un poco de la versión clásica, pero hasta que no vi el capítulo de "Rose" (Ep. 1x01) de la versión moderna, no empecé a conocer de verdad al Doctor y a toda la rica mitología creada a su alrededor. Recuerdo una mañana perdida, de esas en las que no tienes (u olvidas) obligaciones, en la que tuve la suerte de toparme, de forma fortuita, con ese primer episodio mientras veía el canal Syfy. Quedé prendado al momento. Un estrafalario alienígena, con aspecto humano y siempre sonriente, pero que hablaba de un modo curioso, ambiguo y al mismo tiempo con un toque embaucador (Christopher Eccleston), que había salido de la nada y conseguía salvar a una muchacha (Rose Tyler interpretada por Billie Piper) de unos maniquíes vivientes que querían adueñarse de la Tierra. Me sorprendió comprobar que era el piloto de la serie. El comienzo había sido tan abrupto, in media res, dejando entrever una elipsis que encerraba complejas historias pasadas, las cuales pesaban sobre ese extraño personaje; que no pude por menos que interesarme, más aun al saber que era la novena reencarnación del Doctor.


Bien es cierto que Doctor Who es una serie que me produjo sentimientos encontrados: por un lado, me enamoré del contexto diegético de ese universo infinito, que el bueno del Doctor podía visitar en su totalidad gracias a su vehículo, la TARDIS, no solo en el espacio, sino también en el tiempo. Todos los lugares y todos los tiempos, incluso muchas realidades paralelas... Era un marco incomparable de posibilidades, ya presentado desde el inicio con "El Fin del Mundo" (Ep. 1x02), en donde el Noveno Doctor y Rose viajan al futuro, para presenciar el fin de la tierra. Rotas las barreras espacio-temporales, las historias son una amalgama de periplos en donde coincidir con grandes figuras de la Historia, visitar planetas extraterrestres, participar en los cambios de la línea temporal, etcétera. Sin olvidar un trasfondo que siempre persigue al Doctor, como es la historia de su raza, los Señores del Tiempo oriundos de Gallifrey, aniquilada por completo, salvo él y un antiguo compañero suyo conocido como El Amo; su enemistad con los Daleks, los encuentros con los Sontaran o los Cybermen, y un sinfín de razas y formas de vida diferentes, el misterio poder que hacer funcionar la TARDIS (su nave espacio-temporal que es más grande por dentro que por fuera y tiene forma de cabina de policía británica de los años cincuenta), y un largo etcétera, que hace del trasfondo de esta serie, un complejo entramado muy imaginativo y entretenido. No en vano ha dado lugar a un spin-off: Torchwood. Así como gran cantidad de novelas basadas en el personaje principal, audio dramas y videojuegos, entre otros.


Por otro lado, Doctor Who me indujo sentimientos de frustración al ver desaparecer a Eccleston, en lo que en el universo de la serie llaman "la regeneración de los señores del tiempo". La salida de la serie del personaje de Rose también fue un palo, en el capítulo "El Fin del Tiempo" que fue muy emotivo, separándose Rose del Doctor en una realidad paralela en la que "jamás" podría volver a verle. La desaparición, asimismo, de David Tennant, el Décimo Doctor, mi preferido y creo que el de muchos (que me hizo dejar de seguir la serie durante un tiempo). La entrada es escena del Undécimo Doctor (Matt Smith) a quien me costó aceptar; incluso la despedida del personaje de Martha Jones (Freema Agyman), por el que tenía cierta simpatía, quizá por no cerrar bien su historia, como si supieron hacer con la del capitán Jack Harkness (John Barrowman). Veremos cómo han ideado el final del Undécimo y la llegada del Duodécimo Doctor (Peter Capaldi).
En cualquier caso, la serie me sigue enganchando, y me agrada comprobar que somos muchos las fans, los suficientes, al menos, como para que este espectáculo de ciencia ficción continúe con buen pie, ofreciéndonos un entretenimiento que pocas programas de televisión consiguen.  Han sido 50 años, 11 Doctores, al menos 30 acompañantes, un sinfín de historias y esperemos que un sinfín más por venir. ¡Felicidades Doctor!