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miércoles, 1 de noviembre de 2017

Blade Runner 2049: la personalidad jurídica del replicante


Cartel Ryan Gosling
Cartel de 'Blade Runner 2049' con Ryan Gosling.

¿Podrán las futuras tecnologías en biología sintética crear organismos artificiales indistinguibles de los seres humanos? ¿Serán una realidad los replicantes en un futuro no muy lejano? ¿Se les podrá considerar seres vivos? En tal caso, ¿qué clase de estatuto jurídico tendrá semejante creación? ¿Se le puede otorgar derechos de la personalidad a un ente que, en realidad, no ha nacido?

Bienvenidos de nuevo lectores de este blog y nuevas gentes que se acerquen por curiosidad a este espacio digital. En este artículo vamos a hablar sobre 'Blade Runner 2049' (2017) y el análisis de la película se hará en torno a las preguntas antes expuestas. Así pues, se pretende observar la cinta desde un punto de vista concreto: la búsqueda, por parte del replicante, de la adquisición y el ejercicio de los derechos civiles que se les suponen a toda persona por el mero hecho de ser persona. ¿Puede un replicante, un organismo sintético creado a semejanza de los seres humanos, reclamar derechos de la persona?

jueves, 7 de septiembre de 2017

Valérian y Laureline: del cómic a la pantalla grande

Saludos lectores y sean bienvenidos. En esta nueva publicación de 'El Cronista Audiovisual' se abordan algunas consideraciones sobre la película 'Valerian y la ciudad de los mil planetas' (2017), dirigida por Luc Besson y basada en los cómics del guionista Pierre Christin y el dibujante Jean Claude Mézières. En el reparto podemos encontrar a Dane DeHaan y Cara Delevingne como principales protagonistas, acompañados por Clive Owen, Rihanna, Ethan Hawke, Herbie Hancock, John Goodman, Rutger Hauer, Kris Wu, Emilie Livingston y Aurelien Gaya, entre otros. Se trata de la película más costosa del cine europeo hasta la fecha, rondando un coste de 200 millones de euros. El director francés es muy dado a superar records, puesto que cuando realizó la película de 'El quinto elemento' (1997) llego a ser la producción más cara del cine europeo hasta esa fecha.

Cartel
Cartel de  'Valerian y la ciudad de los mil planetas' (2017).

La película se desarrolla en el siglo XXVIII, en donde los agentes espaciales Valérian (Dane DeHaan) y Laureline (Cara Delevingne) trabajan para mantener el orden en los dominios humanos. El equipo es enviado a una misión hacia la curiosa y cosmopolita estructura artificial de Alpha, una metrópolis en continua expansión que flota en el espacio. Allí especies de todo el universo han convivido durante siglos para compartir diferentes culturas, conocimientos y tecnologías. Sin embargo existe una amenaza en el interior de la estación, una fuerza desconocida que hace peligrar la paz en la "Ciudad de los Mil Planetas". Laureline y Valerian tratarán de solucionar el problema que se propaga por Alpha, descubriendo un oscuro secreto que clama justicia. El futuro de la convivencia pacífica está en sus manos.

martes, 20 de junio de 2017

'Alien: Covenant' ¿Una teleología del xenomorfo?

Bien hallados lectores, asiduos y potenciales, que han decidido acercarse a este rincón del ciberespacio y gastar un poco de su preciado tiempo en atender a las arbitrariedades y arbitrismos, generalmente insustanciales, que publico aquí. La finalidad es una mera llamada la atención sobre preocupaciones e ideas que me vienen a la cabeza cuando se mezclan y se intersecan mis escuetos conocimientos adquiridos con los años. Aquellos que aun no he desterrado de mi memoria para enviarlos al ostracismo del olvido.

No se preocupen. Termino con la jerigonza vacua y sin sentido y entro en materia. Siento que estas presentaciones me salgan tan abracadabrantes. A ello, pues.

Alien Covenant
Cartel de 'Alien: Covenant' (2017).

El motivo de que escriba esta entrada en el blog  de 'El Cronista Audiovisual' es comentar algunas reflexiones que me surgen a raíz de la película 'Alien: Covenant' (2017), dirigida por Ridley Scott y protagonizada por: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Danny McBride, entre otros. Se trata de la secuela de la precuela de la saga 'Alien'. Imagino que nos tendremos que ir acostumbrando a escuchar estas expresiones tan cacofónicas.

viernes, 17 de marzo de 2017

'Passengers', colonización y viajes estelares

Reciban cordiales saludos, navegantes del océano digital. ¿Ya pensaban que no iba a escribir nada en mucho tiempo? Pues bueno, no sean tan maledicentes, la pausa no ha sido demasiado larga para la costumbre que suelo seguir. Sean bienvenidos de nuevo y, al mismo tiempo, agradezco la visita de aquellos que pisan estos parajes por primera vez. Espero y deseo que disfruten de esta nueva síntesis.

Passangers - cartel
Cartel de 'Passangers' (2016).

Entrando en materia, vengo a comentarles un título que se estrenó hace ya tiempo, pero que ofrecía algunos elementos interesantes desde los que especular sobre el futuro. La película es 'Passengers' (2016), protagonizada por Chris Pratt, Jennifer Lawrence, Michael Sheen y Laurence Fishburne. Dirigida por Morten Tyldum y con guión de Jon Spaihts. Se trata de una historia entretenida, con algunas buenas premisas, pero que se diluye en la materia romántica y que acaba como una película de pura acción. Cuenta la historia de una nave espacial de colonización, que lleva un cargamento de miles de colonos en estado de hibernación hasta un planeta habitable. Sin embargo, un accidente provocado al atravesar un enjambre de meteoritos avería algunos de las sistemas de la nave, entre ellos una de las cápsulas de animación suspendida. Por ese motivo, el colono Jim Preston (Chris Pratt) despierta ochenta años antes de llegar a su destino. A partir de ese momento, tratará de llevar el asunto con filosofía, como se suele decir, pero la soledad —la única compañía que tiene es Arthur (Michael Sheen), un simpático robot camarero que trata de ayudarle— y la necesidad vital de relacionarse con otros seres humanos, le llevará a enamorarse de otra colona, Aurora Lane (Jennifer Lawrence). Ahora bien ¿es ético sacrificar el futuro de una persona por la felicidad de otra?

En cualquier caso, no son los aspectos morales lo quiero destacar aquí, y pueden darse disquisiciones muy sugestivas, véase un ejemplo para aquellos que estén interesados. Si bien, en este caso, sólo quería introducir al lector en la historia. Lo que me interesa de verdad es el proyecto de colonización espacial que se propone. En este sentido, la película plantea la necesidad de enviar humanos a otros planetas, sin entrar mucho en las razones, salvo un ambiguo "empezar de nuevo" buscando oportunidades que ya no existen en la Tierra. Este servicio lo cubre una empresa privada que se dedica —entresacando algunos datos esporádicos, sobre todo en los inicios de la película—, a la construcción de inmensas y sofisticadas naves espaciales de colonización, la selección de las personas que irán al nuevo mundo y su "terraformación" para hacerlo habitable. Queda patente que este planteamiento está pensado para un futuro más bien lejano, dadas las dificultades que en este momento tendría emprender una iniciativa de tamaña envergadura.

Nave espacial
Nave espacial de colonización.

Las preguntas que surgen, desde mi punto de vista, tienen que ver con la necesidad de enviar colonos a planetas lejanos. ¿Podría ser una forma de solucionar un futurible problema de sobrepoblación en la Tierra? Asimismo, me surgen cuestiones sobre las tecnologías plausibles que se han planteado para llevar a cabo viajes interestelares de este calibre. ¿Qué tipos de naves espaciales podrían desarrollarse en el futuro para alcanzar la meta de estas misiones? ¿Hacia dónde se dirige la exploración espacial del futuro? ¿Cómo afectan las distancias siderales al tiempo de viaje? ¿Será viable un vehículo como el que se describe en la película? ¿Es la iniciativa privada la solución para solventar estos problemas? No se si le daré respuesta a estas preguntas, pero al menos elucubraremos sobre ciencia ficción y prospectiva sobre la humanidad, que es lo que interesa en este espacio digital.

En relación con la primera cuestión que se ha planteado, podría existir un problema del crecimiento de la población como una de las posibles explicaciones que darían pie al inicio de estos proyectos interestelares. En el futuro puede llegar a ser una necesidad insoslayable realizar colonizaciones espaciales para sobrevivir al incremento incesante de la demografía. Es uno de los miedos clásicos de la cultura occidental. A este respecto, el temor a la “catástrofe malthusiana” parece no haber desaparecido del todo. Esta teoría del siglo XIX postulaba que la población del planeta crecería de forma geométrica, mientras que el aumento de los recursos, como el alimento, se realizaría de forma aritmética. Por tanto, la evolución de esa dinámica abocaría a la especie humana a la extinción. El error de Thomas Robert Malthus fue no considerar que los avances tecnológicos podrían solventar el desfase, por un lado, entre el crecimiento demográfico y, por otro lado, los recursos disponibles para abastecer el consumo de toda esa población en aumento. Asimismo, las previsiones para el crecimiento demográfico parecen indicar un estancamiento para el año 2050, en torno a unos 9600 millones de habitantes, según Naciones Unidas. El mayor crecimiento demográfico se producirá en unas zonas determinadas, como puede ser África, mientras en que otros bajará la natalidad y aumentará la esperanza de vida, como en Europa. Ahora bien, de un tiempo a esta parte, las tesis de Malthus han vuelto a tener una consideración más positiva. En 1968 el entomólogo Paul R. Ehrlich publicó La explosión demográfica, en donde se retomaban estas ideas catastróficas. Más recientemente, el analista geopolítico Robert D. Kaplan, entre otros, determinó que "el incremento de la población, el agotamiento de los suelos y de los recursos hídricos, y otros fenómenos naturales podrían limitar lo que se podía conseguir en determinados lugares", y se preguntaba: "¿y si Malthus tenía razón?"

Aurora Lane (Jennifer Lawrence)
Aurora Lane (Jennifer Lawrence) alucinado mucho con la situación.

La literatura y el cine de ciencia ficción han tratado este aspecto de forma intensiva, por ejemplo, en lo que Andreu Domingo ha llamado demodistopías; que serían aquellas distopías cuyo elemento central son los procesos demográficos. En el ámbito audiovisual, el descenso calamitoso de la demografía era presentado, por ejemplo, en la desasosegante 'Hijos de los hombres' (2006), de Alfonso Cuarón, basada en el libro homónimo de P. D. James. El problema contrario, la superpoblación, ha tenido mucha fortuna en el cine. Recientemente, la película 'Elysium' (2013), dirigida por Neill Blomkamp, especulaba sobre este asunto y su vertiente en la desigualdad de clases. Del mismo modo, la adaptación cinematográfica del libro homónimo de Dan Brown, 'Inferno' (2016), que dirigió Ron Howard, narraba los mismos miedos. Estos títulos destacan las preocupaciones de la sociedad y/o de la cultura que los produce, en nuestro caso, la llamaremos "occidental".

El principal miedo que se destila de estos productos culturales es la destrucción del entorno natural y, por tanto, la pérdida de la biodiversidad y del espacio vital; la falta, en definitiva, de un hábitat sostenible para subsistir. Una de las causas que se han estudiado para explicar las extinciones masivas del pasado es, precisamente, la pérdida de hábitat. De este modo, la capacidad de modificar el clima por parte del ser humano, ha determinado la definición de una nueva era geológica, llamada antropoceno, en donde la actividad humana también genera cambios geológicos de relevancia. En concreto el cambio climático y la reducción de recursos a escala planetaria. De ahí que se especule con posibles soluciones a estos retos que se pueden presentar en el futuro. Ejemplo de ello puede ser el proyecto propuesto por el biólogo Edward O. Wilson, un tanto utópico, de convertir la mitad de la Tierra en una reserva mundial de la biodiversidad. Otro ejemplo sería la geoingeniería, que engloba diferentes teorías para modificar el clima del planeta, con el objetivo de contrarrestar los efectos adversos que, en un determinado momento, pudieran impedir la supervivencia del ser humano. Incluso para evitar aquellos fenómenos naturales, no necesariamente provocados por el ser humano, que pueden llegar a ser catastróficos, como por ejemplo una nueva glaciación que congele los cultivos y acabe con la civilización tal y como la conocemos.

Jim Preston (Chris Pratt)
Jim Preston (Chris Pratt) buscando al resto de la tripulación.

Buscar nuevos hábitats puede ser otra manera de sobrevivir como especie. En este caso, la búsqueda de esos nuevos espacios se realizaría en otros planetas con posibilidades de albergar vida. Aunque los avances en geoingeniería sean capaces de solventar el problema del cambio climático —sea éste de origen antrópico o natural—, seguirá existiendo la amenaza, lejana eso sí, del colapso de nuestra estrella. La Tierra será arrasada por el Sol en unos 6.000 millones de años, aproximadamente. Pero no sólo ese hecho es una preocupación latente, puesto que existen meteoritos asesinos por doquier en el espacio, o explosiones de rayos gamma que despiden supernovas lejanas, etcétera. Todos estos posibilidades predisponen a abandonar el Sistema Solar más tarde o más temprano y encontrar, para ello, fórmulas que posibiliten la emigración a otro sistema planetario. Este aspecto es tratado en la deliciosa novela de Arthur C. Clarke: Cánticos de la lejana Tierra. Sea como fuere, el objetivo el proponer esta vía de salvación para la especie humana sería crear colonias estables, en donde ofrecer oportunidades a ese excedente demográfico, o bien, salvarnos del fin de nuestro planeta. En la Antigua Grecia, el punto de no retorno que impedía la convivencia en un polis era conocido como stasis, lo que fomentó que se iniciara el periodo de las colonizaciones entre el siglo VIII y el siglo V a. C. Se fundaron enclaves a lo largo del Mar Mediterráneo y del Mar Negro, posibilitando la continuación y la mejora del pueblo heleno. Una posible forma de stasis futura, fruto de esa drástica reducción del espacio vital, podría generar una nueva oleada de colonizaciones, esta vez con los ojos puestos en las estrellas. Los mares a surcar se convertirán en el vacío espacial.

Si el objetivo es la colonización estelar, primero se debe establecer un plan de exploración espacial para reconocer los exoplanetas con mayores posibilidades de albergar vida en ellos. En este momento, la detección de planetas fuera de nuestro Sistema Solar está avanzando rápidamente. Por ahora se han descubierto más de dos mil, la mayoría probablemente hostiles a la vida, pero afinando la búsqueda es posible ir discriminando aquellos que puedan sostener la vida. En España, sin ir más lejos, existe un proyecto para construir un instrumento capaz de buscar planetas similares a la Tierra en el espacio profundo, al que se le ha llamado CARMENES, utilizado en el Observatorio de Calar Alto en Almería.

Arthur (Michael Sheen) y Jim Preston (Chris Pratt)
El androide Arthur (Michael Sheen) y Jim Preston (Chris Pratt).

Además, este febrero pasado, la NASA anunció un peculiar e interesante descubrimiento. Se trata de un sistema estelar con siete exoplanetas de tamaño similar a la Tierra. Estos astros desarrollan una órbita alrededor de la estrella Trappist-1, una enana roja más pequeña y fría que nuestro Sol. Se encuentran a cuarenta años luz de la Tierra (más de 350 billones de kilómetros) y han sido localizados gracias al telescopio Trappist (siglas en inglés del Telescopio Pequeño para Planetas en Tránsito y Planetesimales), que se encuentra ubicado en Chile. Lo emocionante de este descubrimiento, es que estos siete planetas se encuentran a una distancia con respecto a Trappist-1 que les permitiría albergar vida en su superficie. Se encuentran en lo que se conoce como "zona de habitabilidad". Por un lado, si se dan las condiciones necesarias, podrían ser buenos candidatos para enviar sondas exploratorias con el objetivo de buscar hábitats óptimos para la supervivencia humana, esto es: que sean rocosos, que tengan agua en estado líquido y que posean atmósfera. Por otro lado, hay que tener en cuenta que su estrella es muy diferente al Sol, lo que puede generar problemas a la hora de sustentar la vida tal y como la conocemos en esos planetas. Además, sus órbitas son muy compactas las unas con las otras y están muy cerca de Trappist, lo que significa que esas trayectorias deben ser muy cortas, de pocos días en completar una vuelta alrededor de la estrella. Esto provocaría un "acoplamiento de marea", fenómeno que hace que muestren una misma cara a la estrella, con la consiguiente variabilidad climática: una zona iluminada muy cálida y otra oscura muy fría, además de vientos peligrosos entre una área y otra.

Se supone que dentro de poco seremos capaces de detectar los componentes de la atmosfera de estos exoplanetas. La tecnología del Telescopio Espacial sucesor del Hubble, llamado James Webb (JWST) y que tiene previsto su lanzamiento para el año 2018, podrá detectar ozono en la atmósfera de alguno de estos mundos, lo que quizá indique actividad biológica. Si existe vida extraterreste en esos planetas, aunque sea microscópica, será más sencillo considerar la posibilidad de que los humanos puedan sobrevivir en esos hábitats.


Viajes a Trappist-1 ¡A sólo 12 parsecs de la Tierra!

Una vez localizados los exoplanetas más idóneos para sustentar al ser humano, comienza la colonización espacial propiamente dicha, con el objetivo de mandar una nave estelar de grandes proporciones con un valioso cargamento de miles de futuros colonos. ¿Cómo viajarán por las enormes distancias que separan los astros en el espacio profundo? Sin ir más lejos, la estrella más próxima a nosotros, Alfa Centauri, se encuentra a más de cuatro años luz, lo que equivale a unos 40 billones de kilómetros. Los cohetes de propulsión química que se utilizan en la actualidad son ineficaces para ese propósito. Las futuras naves de exploración y colonización deberán tener otros sistemas de propulsión más avanzados y eficientes. En este sentido, o bien se aumenta la capacidad de empuje, o se aumenta la autonomía, puesto que un cohete actual genera mucho empuje pero durante muy poco tiempo. Hay que tener en cuenta que gracias a la falta de rozamiento en el vacío una aceleración constante puede generar velocidades muy altas.

El futurólogo y físico teórico Michio Kaku enuncia varias opciones para llevarnos a las estrellas. La primera de ellas sería el desarrollo del "motor iónico". Este sistema no tiene demasiada potencia de empuje, pero mantiene una constante de aceleración durante mucho tiempo. Los motores iónicos se han probado con éxito en la sonda estadounidense Deep Space, en la europea Smart y en la japonesa Hayabusa. Una versión más potente sería el "motor de plasma". En este caso se calienta hidrógeno, mediante campos magnéticos, hasta el millón de grados Celsius y el plasma resultante es eyectado por el cohete, generando un impulso considerable y constante.

SMART-1
Ilustración de la misión SMART-1.

Una forma alternativa sería la Propulsión nuclear de pulso, basada en energía de fisión simple y aprovechando una sucesión de ondas producidas por varias explosiones nucleares, que harían avanzar la nave espacial. Este sistema fue proyectado en el Proyecto Orión de los años cincuenta, pero los límites para el desarrollo de pruebas nucleares y los Tratados de No Proliferación han limitado esta posibilidad. Sin embargo, Kaku considera que estas opciones no conseguirán llevarnos hasta otros sistemas estelares, por la sencilla razón de que necesitan transportar mucho combustible y, además, aun se necesita invertir mucho tiempo para llegar al destino.

Los "veleros solares" son otra propuesta a considerar. Este sistema utilizaría la ligera y casi inapreciable presión ejercida por la luz solar, que es continua y se supone que podría impulsar un vehículo espacial a las estrellas sin necesidad de combustible. Algunas versiones proponen el uso de potentes láseres para incrementar el empuje de la nave, que se colocarían en la Luna o en otro astro del Sistema Solar. Si bien, sería necesario construir en el espacio una vela de cintos de kilómetros y el haz láser debería ser de una potencia abrumadora, lo que representa un problema a solventar. De hecho, recientemente los astrofísicos Avi Loeb y Manasvi Lingam postularon que los misteriosos fenómenos celestes conocidos como "explosiones rápidas de radio" podrían tener un origen artificial extraterrestre. Serían pulsos de radiación pensados para empujar un hipotético velero estelar alienígena. Si bien se enfrentan a las teorías más aceptadas de colisiones de estrellas de neutrones o de agujeros negros para explicar estos fenómenos.

Otra opción sería lo que Kaku denomina "estratorreactor de fusión" o bien "estatocolector". Es un sistema enunciado por el físico nuclear Robert W. Bussard y difundida por el astrónomo Carl Sagan en la serie documental 'Cosmos' (1980) y en su libro homónimo. La versión más conocida es el Bussard ramjet. El principio de este sistema es la recolección de hidrógeno del espacio exterior, en donde se supone que habría en abundancia, a través de una parrilla aspiradora. Este hidrógeno se calentaría hasta generar un proceso de fusión nuclear. La ventaja de este motor es que, en teoría, podría funcionar de forma indefinida y no necesitaría transportar el combustible. Además, podría acelerar de forma continua hasta alcanzar velocidades cercanas a la luz. Ahora bien, los intentos de generar una reacción de fusión nuclear se han logrado con formas poco corrientes del hidrógeno: el deuterio y el tritio. Sin embargo, en el espacio abundaría el hidrógeno simple, lo que representa un obstáculo técnico a resolver. Aunque sigue siendo una de las alternativas mejor consideradas.

estatocolector Bussard
Ilustración de un estatocolector Bussard.

Sin embargo, lo más probable es que las misiones interestelares del mañana se realicen mediante "nanonaves" espaciales. Así parece que apuntan recientes iniciativas, como la auspiciada por los empresarios Yuri Milner  (Digital Sky Technologies) y Mark Zuckerberg (Facebook), junto al investigador Stephen Hawking, a través de la Breakthrough Unitiatives, para iniciar el proyecto de enviar naves interestelares del tamaño de tarjetas de crédito; una iniciativa a la que han llamado Starshot. De hecho, aun aceptando que se pudieran realizar semejantes viajes en un futuro lejano, este tipo de "micronaves" de pocos gramos podrían estudiar los planetas candidatos para la colonización humana, siendo un paso previo a la hora de establecer el objetivo final, la conformación de una colonia que pueda sustentarse por si misma. Podrían ser los primeros "colonizadores", midiendo toda clase de parámetros para determinar si es viable el planeta en cuestión, si tiene las suficientes semejanzas con la Tierra como para mantener a los humanos.

En cualquier caso —y volviendo a la película que ha suscitado este artículo—, en 'Passengers' la nave estelar que se presenta parece utilizar una especie de propulsor atómico de fusión. El motor de la nave se muestra como una masa de plasma que gira rápidamente, y que está contenida por lo que parecen ser campos magnéticos muy potentes. Podría tratarse de un motor de plasma, pero el estilizado diseño de la astronave no parece indicar que guarde mucho combustible en su interior. Por tanto, podría tratarse de un estacolector como el que se ha descrito más arriba. Que el combustible de la nave, como puede ser el hidrógeno, se trasporte en las bodegas o se extraiga del espacio exterior es algo que no se explica en la película. Además, la estructura de la nave no presenta una barquilla recolectora, al menos no de forma visible. Pero dadas las premisas antedichas podemos pensar que los guionistas podrían haber optado por este tipo de sistema de propulsión para navegar a la estrellas. Desde luego sería una de las mejores opciones a la hora de mover grandes cantidades de masa a velocidades que podrían aproximarse, tímidamente, a la velocidad de la luz.

Discovery One
Sistema de gravedad artificial de la Discovery One, en '2001: una odisea espacial'.

Me interesa comentar, aunque sea someramente, algunos problemas que presenta el viaje estelar y las soluciones que se han propuesto en la película. El primero de ellos sería la gravedad, inexistente en el vacío del espacio. Las astronautas contemporáneos sufren desordenes en su cuerpo cuando permanecen mucho tiempo en ingravidez, como pueden ser la atrofia muscular o el detrimento de la materia ósea. La respuesta que se da en 'Passengers' se basa en una de las teorías más extendidas para generar gravedad artificial. Consiste en aprovechar la fuerza centrífuga a través del movimiento de rotación en la nave estelar. Si bien este sistema es muy complejo de fabricar, es una de las soluciones más conocidas, propuesta en muchas otras películas, como en las sorprendentes imágenes de '2001: Una odisea del espacio' (1968) de Stanley Kubrick o, mencionando un ejemplo más actual, en la película 'Marte' (2015) de Ridley Scott. La extraña estructura del crucero espacial de 'Passengers' despliega unas zonas habitables en donde se genera gravedad de forma artificial, siguiendo el procedimiento que se ha descrito. Es más, les permite hacer paseos por cubierta y realizar una suerte de "salto al vacío" mientras los viajeros están enganchados a la estructura. No me resisto a compartir la secuencia de la película en la que se pierde la gravedad artificial, mientras la protagonista nada por una piscina climatizada.



Otro problema que se podría dar en los futuros viajes espaciales y que, de hecho, es el desencadenante de la trama en la película, es la amenaza de los meteroides, micrometeoros o, incluso, de polvo estelar. A grandes velocidades un objeto pequeño bien puede destrozar por completo una nave espacial. Por remitirse a una película que trata este problema, se puede nombrar el intenso plano secuencia que se despliega en el inicio de 'Gravity' (2013), de Alfonso Cuarón. Al mismo tiempo, la radiación en el espacio profundo es potencialmente mortal. Ya se ha comentado la existencia de rayos gamma, que destruyen el tejido de las células. Para evitar la exposición a estos peligros durante largos periodos de tiempo, como en un viaje estelar, se requiere un buen sistema de protección. En 'Passengers' se muestra una suerte de generador de "campo de fuerza" situado en la dirección de la marcha de la nave estelar. Es la solución propuesta en la serie 'Star Trek' (1966–1969) creada por Gene Roddenberry, por poner uno de los ejemplos más famosos. En 'Passangers' el sistema protector desvía o desintegra los objetos con los que se cruza el crucero de colonización. Se supone que también resguarda de la radiación. Por tanto, se genera de forma artificial un sistema defensivo como el que posee la atmósfera terrestre. ¿Es posible esta tecnología? En principio resulta complejo. La más parecido puede ser la teoría de campos del electromagnetismo. Si embargo, el descubrimiento de la inducción electromagnética por parte de Faraday y las famosas ecuaciones de Maxwell parecen no permitir un "campo de fuerza" tal y como se suele describir en la ciencia ficción. La más parecido que se ha desarrollado hasta la fecha es la "ventana de plasma", creada por Ady Hershcovitch y utilizada para la soldadura por haz de electrones. El gas de átomos ionizados o plasma es un estado de la materia que puede manipularse con campos eléctricos y magnéticos. En teoría, con la energía suficiente se podría crear una pantalla de plasma incandescente que lograra vaporizar las objetos amenazantes del espacio. Sin embargo, queda mucho por investigar para lograr algo que se asemeje a esta tecnología.

El tiempo es un problema más a tener presente a la hora de proponer viajes a las estrellas. Aunque una nave se acerque a la velocidad de la luz las distancias en el espacio profundo son colosales, por lo que el trayecto se alargaría durante muchos años. Ya se ha indicado que Trappist-1 se encuentra a cuarenta años luz. En la película el viaje que realizan los colonos es de ochenta años. La solución que sigue 'Passengers' es la ya mencionada animación suspendida. Es un recurso que se ha propuesto en muchas películas: 'Alien, el octavo pasajero' (1979) de Ridley Scott, o 'Interstellar' (2014) de Christopher Nolan. Reducir la temperatura del cuerpo hasta casi el cese de las funciones biológicas es una estrategia que siguen algunos animales cuando hibernan. Esta tecnología aún no sido desarrollada para evitar los cristales de hielo en humanos, que pueden romper la estructura de las células. Si en el futuro llegamos a controlar esta técnica se evitarían las naves generacionales, que es la otra vía posible de viaje interestelar, es decir, sacrificar una o varias generaciones de humanos que vivirían en la nave estelar. Los verdaderos colonos serían sus descendientes, aquellos que finalmente llegaran al planeta objetivo. Si bien, como apuntó Albert Einstein en su teoría de la relatividad especial, a velocidades cercanas a la luz el tiempo del observador dentro de una nave estelar trascurriría de forma mucho más lenta. Alcanzar esa barrera de la velocidad de la luz sería una solución para los viajes espaciales, pero parece ser un objetivo muy poco probable. Al menos desde los conocimientos que se tienen actualmente en física. No se analizará, en este ocasión, las teorías propuestas sobre agujeros de gusano, hiperespacio o desplazamiento por curvatura. Habrá tiempo, no se preocupen.

Animación suspendida Alien
Cápsulas de animación suspendida en 'Alien' (1979).
Un tema muy interesante que se plantea en la película, aunque eso sí, de forma muy somera y pasando únicamente por encima, es el hecho de que la empresa encargada de realizar los viajes estelares de colonización se encuentra dentro del ámbito privado. Se trata, por tanto, de una especulación sobre cómo pueden desarrollarse la explotación comercial del espacio exterior en el futuro. En la actualidad hemos visto como la agencia gubernamental de la NASA ha reducido sus actividades. El gobierno norteamericano está apostando por las iniciativas privadas a la hora de continuar con la exploración estelar. Los desastres del los transbordadores espaciales Challenger en 1986 y Columbia en 2003, fueron determinantes para retirar el Transbordador STS (Space Shuttle), como medio de transporte por parte de la NASA en el año 2011. En la actualidad, la agencia espacial de Estados Unidos utiliza naves espaciales tipo Soyuz, de fabricación rusa, para llevar astronautas a la Estación Espacial Internacional (International Space Station, ISS). De un tiempo a esta parte, se está apostando por la iniciativa privada a la hora de desarrollar las lanzaderas espaciales del futuro. Así pues, se puede decir que los sectores comerciales interesados en explotar los recursos del espacio pueden llegar a ser determinantes, siempre que los viajes estelares se abaraten y se conviertan en rentables. Una posibilidad sería la aprovechamiento minero, otra la colonización, o bien, una combinación de ambas: minería pensada para beneficio de la propia colonia. Ahora bien, en el aspecto legal ¿se pueden iniciar este tipo de acciones? Es de suponer que en el futuro, en caso de que los viejas estelares sean más numerosos y se envíen humanos o otros planetas, se establezca una nueva normativa, de ámbito internacional, para la colonización del espacio. Sin embargo, los postulados de hoy determinarán las bases legales del futuro a la hora de iniciar estas colonizaciones.

¿Quién podrá iniciar la explotación comercial de los recursos del espacio? Actualmente la base del Derecho internacional sobre asuntos espaciales se puede encontrar en el "Tratado sobre el espacio ultraterrestre" (The Outer Space Treaty), firmado en 1967 entre los Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética. Ha sido ratificado por 103 países, entre ellos España. El este documento se tratan muchos asuntos, entre ellos se establece el libre acceso al espacio y a todos los objetos celestes y, asimismo, que no puedan ser reclamados por un estado o por una persona concreta. Además, interesa saber que las actividades deberán ser pacificas —está prohibido desplegar cualquier arma de destrucción masiva— y que los gobiernos de cada estado serán responsables de las actividades de sus compañías. Ahora bien, en 2015 el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, firmó la ley U.S. Commercial Space Launch Competitiveness Act (Ley para la competitividad de los lanzamientos espaciales comerciales norteamericanos), en donde se establece que sus ciudadanos podrán extraer recursos de cuerpos celestes, lo que podría entrar en contradicción con la Outer Space Treaty y su premisa de que los recursos no podrán ser reclamados por ningún estado. Estas iniciativas pueden estar poniendo en cuestión el concepto de espacio como bien común de toda la humanidad, en donde se supone que debe prevalecer la cooperación internacional a la hora de realizar operaciones comerciales. No quiero imaginar qué puede ocurrir a este respecto con el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. En cualquier caso, en la película no se establece —por lo que yo recuerde— la titularidad de la empresa encargada de la colonización espacial. Ateniéndonos a los tratados internacionales actuales, debería ser una especie de conglomerado de empresas de diferentes países, auspiciadas por un organismo parecido a las Naciones Unidas; parece razonable pensar en la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior (United Nations Office for Outer Space Affairs, UNOOSA) como entidad encargada de administrar las diferentes iniciativas privadas.

United Nations Office for Outer Space Affairs
United Nations Office for Outer Space Affairs.

En resumen, el planteamiento de 'Passengers' puede ser una posibilidad factible dentro de muchos años, décadas, quizá al menos sea necesario un siglo, pero es una idea plausible al fin y al cabo. La investigación científica y los avances tecnológicos parecen apuntar —al menos en la teoría— a la posibilidad de crear estatocolectores, que además integren un motor de fusión nuclear eficiente, que recoja hidrógeno simple del espacio. Así como medios técnicos para generar gravedad artificial, fabricar cápsulas de animación suspendida e, incluso, pantallas defensivas para evitar los riesgos de los viajes a través del vacío interestelar. Así pues, se puede argumentar con Kaku que no hay ninguna ley física que nos impida surcar el espacio exterior hacia las estrellas, si bien el obstáculo más inmediato serían los costes. Ya sea una iniciativa pública o privada, tenga un objetivo de explotación económica o bien un plan de colonización para sobrevivir como especie —ya sea por catástrofe natural, un efecto antrópico o  por sobrepoblación—, sin duda, los costes de llevar seres humanos a otros planetas serán cuantiosos. La verdadera barrera a sortear en el futuro parecen ser los gastos.

Pues hasta aquí signori, que ya estoy cansado de estrujarme las meninges por ahora. Creo que el tema ha dado bastante de sí. Espero que lo hayan disfrutado, o que al menos no les aburriera demasiado. Conserven la salud y vuelvan cuando gusten. Quedo a sus pies.



martes, 10 de mayo de 2016

Sharknado ha creado escuela


Albricias, interesados lectores de lo friki y todo aquello que se salga de la normalidad.

Puede que no logren creerlo, pero es real, está ocurriendo y alguien se ha planteado llevar a cabo esta paranoia. La vesania llega para quedarse en el mundo del cine alternativo y de bajo presupuesto, sobre todo, si viene de Alemania. Ahondando en esa cinematografía friki, encontramos títulos como 'Sharknado' (2013), del que hace poco se habló aquí, con sus tiburones voladores movidos por la fuerza de los tornados; películas sobre nazis esquizoides que vuelven de la tumba como muertos vivientes, en 'Zombis nazis (Dead Snow)' (2009), o barrabasadas completamente desconcertantes como 'Iron Sky' (2012), con sus nazis revividos y a la conquista del espacio exterior. Recogiendo las ideas principales de estos títulos, ¿qué ocurriría si mezclásemos el clamoroso éxito alcanzado por la película 'Sharknado' y sus variadas secuelas, con una trama "conspiranoica" nazi y, además, le añadimos el elemento zombie, necesario para rematar a la persona más ingenua? Pues que obtenemos la película 'Sky Sharks' (2017), tiburones zombies voladores tripulados por soldados nazis. ¿Siguen conmigo? ¿Aun conservan algo de cordura? Seguramente hayan perdido unos cuantos millones de neuronas con esta información; ya lo siento, pero eso no es óbice para perderse ningún detalle de esta macarra producción.

Tiburones zombies voladores destruyendo aviones civiles.

La película es un batiburrillo con los elementos antes mencionados, centrada en una alocada premisa y en una no menos alucinante puesta en escena, que quiere superar a 'Sharknado', tanto en locura como en parodia y efectos estrafalarios de puro imposibles. Una sinopsis inicial podría ser la que sigue. Una expedición de geólogos descubre unas instalaciones abandonadas, en donde los nazis realizaron toda clase de extraños experimentos. Buscaban crear el arma definitiva para sus malévolos planes de conquista mundial, durante la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un ejército mortal de tiburones zombies voladores manipulados genéticamente, a los que acompañaban unos superhombres como tribulación. Son despertados por accidente por el grupo expedicionario y será entonces cuando comiencen su tarea de conquista y destrucción de todo aquello que surque los cielos. Un comando de élite, llamado “Dead Flesh Four” y compuesto por soldados estadounidenses fallecidos en Vietnam, intentará detenerlos para evitar el fin de la humanidad.

Se han quedado "picuetos", ¿verdad? Pero basta de comentarios, esta insensatez no se asimila bien si no se ven las imágenes, así que aquí les dejo el tráiler de esta singular y estrambótica película, fruto de la más perturbada de las mentes.





Espero que la información haya sido de su interés y nos vemos en siguientes artículos. Conserven la cordura, mientras puedan.


sábado, 7 de mayo de 2016

Los Monty Python quieren destruir el planeta


Buenas andanzas, respetables lectores.

Henos aquí de nuevo comentando algunos estrenos de películas que tienen que ver con el género de la fantasía y la ciencia ficción. En esta ocasión, el foco se pone en una producción que vio la luz el año pasado, pero que se estrena en España el 13 de Mayo de 2016. Se trata de la coproducción británica y estadounidense 'Absolutamente todo' (2015), dirigida por Terry Jones, después de más de veinte años sin meterse en estos menesteres. El guión es del mismo Jones junto con Gavin Scott. Narra la historia de un grupo de extraterrestres esquizoides (intrepretados por Terry Jones, John Cleese, Eric Idle, Terry Gilliam y Michael Palin, es decir, los Monty Python al completo, exceptuando a Graham Chapman, por razones obvias de óbito hace aproximadamente un par de décadas), una pandilla de alienígenas, como digo, que pretende destruir la Tierra, reduciendola a la nada. Si bien, antes de arrasar con todo, otorgan a un simple profesor de instituto (Simon Pegg) el poder de hacer absolutamente cualquier cosa, haciendo realidad todos sus deseos. Por ejemplo, conseguir dar una lección a sus peores estudiantes, resucitar a los muertos, conseguir para un amigo la mujer de sus sueños, o dar el don del habla a su perro Dennis (la voz fue interpretada por el fallecido Robin Willliams, en el que fue uno de sus últimos trabajos). El protagonista debe demostrar merecer esos poderes, de lo contrario, el plan de destrucción masiva se ejecutará en el acto. El reparto lo completa la actriz Kate Beckinsale, que incrusta una trama de comedia amorosa en esta película de simplón planteamiento y, según la mayor parte de la crítica, de malogrado resultado final.

Neil Clarke y su perro parlante Dennis.
Neil Clarke y su perro parlante Dennis.

Si bien algunos de los elementos constitutivos de esta producción pueden llamar la atención en un primer momento, como pueden ser la reunión de los Monty Python, el regreso a la dirección de Terry Jones o la participación de Robin Willliams, cabe destacar que la recepción no ha sido muy positiva, al menos, en términos generales. En definitiva, no deja de ser una comedia construida a base de unir varios sketches, muchos de ellos buscando la risa fácil al utilizar los viejos trucos del subgénero slapstick. La introducción de los integrantes del grupo cómico Monty Python, no deja de ser una mera participación testimonial, sin mayor trascendencia dentro de la trama o, lo que es más importante, sin la utilización de su peculiar forma de entender el humor, aquella que les hizo famosos. Ese humor llevado al absurdo, que contenía mucha crítica social y que tan bien supieron imprimir a su programa televisivo, 'Monty Python's Flying Circus' (1969-1974), además de a sus más afamadas películas: 'Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores' (1975), 'La vida de Brian' (1979), o 'El sentido de la vida' (1983).

Neil y Catherine en plena discusión.
Neil y Catherine en plena discusión.

Así pues, para todos aquellos, seguidores incondicionales de estos genios del humor, que busquen en esta película una vuelta a las andanzas de aquellos títulos tan celebrados, lo más probable es que queden irremediablemente desilusionados. No busquen, pues, aciertos como los logrados por películas posteriores que, si bien no estaban integradas por el grupo de los Monty Python al completo, tenían su firma, fueron dirigidas o escritas por alguno de ellos, o tenían a alguno de sus miembros como interpretes principales. Me estoy refiriendo a esas otras maravillas del cine, en donde supieron recoger el espíritu de los primeros y genuinos Python y lo contextualizaron con los gustos de las nuevas épocas, como por ejemplo: 'Los Héroes del Tiempo' (1981), 'Brazil' (1985), 'Las aventuras del Barón Munchausen' (1988), 'Un pez llamado Wanda' (1988), 'Erik el vikingo' (1989) o 'Criaturas feroces' (1997), por citar algunos títulos. Se trata, simplemente, de una comedia ligera, acta por tardes de domingo sin mejores quehaceres que tumbarse en el sofá a descansar.

Por mi parte, nada más. Les emplazo a la siguiente publicación del blog que, espero, sea en breve. Conserven la salud y no olviden verter las sagradas libaciones en honor de los gentiles e ínclitos dioses paganos.




jueves, 5 de mayo de 2016

Los escualos voladores tienen nueva entrega


Bien hallados mis ilustres lectores. He visto que han publicado este póster y no me he resistido a hablar de ello. Espero que les sea de interés.

Empezar el buen tiempo acompañado de una nueva entrega de esta macarra saga de tiburones, que levitan por obra y gracia de la fuerza de los tornados, se está convirtiendo en un ritual difícil de calificar. Aquí tenemos la cuarta entrega de esta ida de olla que, por supuesto, acapara cada vez más surrealismo y espectacularidad, en un ir 'mas allá' con cada nuevo estreno. Una producción desnortada y, en principio, fruto de lo que se puede considerar una broma pasajera; pero que se ha convertido en un fenómeno de masas, con insaciables adeptos que quieren ver más barrabasadas de imposible comprensión. El 31 de julio tienen una cita con esta nueva entrega de 'Sharknado', ese batido intertextual e inconexo que, milagros de la audiencia, acapara la atención de cada vez más personas.

Sharknado en el espacio.

El director especializado en películas de terror de bajo presupuesto, Anthony C. Ferrante, creador de la saga 'Sharknado', es, una vez más, el encargado de llevar a la televisión esta aberración que tanto nos deslumbra, por lo irreverente y macarra de su premisa. Como no puede ser de otra manera, la cadena de televisión SyFy sigue siendo la encargada de semejante despropósito, en consonancia con ese gusto, muy suyo, en producir y emitir telefilmes de bajo coste, nulo argumento, efectos desternillantes de puro simplistas (casi son preferibles los animatrónicos de cartón-piedra de toda la vida) y mucho, mucho sarcasmo. Que semejante socarronería por parte de la cadena tenga su éxito no deja de sorprenderme, aunque compagine estos indescriptibles productos con otros de mejor acabado, como pueden ser las series de televisión de 'Los 100' (2014-...), 'The Magicians' (2015-...) o 'Defiance' (2013-...). Ahora bien, hay que admitir que cuando veo un título como 'Megatiburón vs. Crocosaurio' (2010), algo en mi interior -algo oscuro y legamoso que se esconde en lo más profundo de mi ser- me dice que aquello ha sido una gran idea y que hay que verlo. Un par de bofetadas infligidas sobre mi rostro y vuelvo a ser una persona cuerda. Así pues, ante un título tan preponderante y efectivo como "Sharknado" ¿quién se resiste? Sólo aquellos con una inquebrantable fuerza de voluntad.

El comienzo de todo.

El título completo de esta cuarta entrega es 'Sharknado 4: The 4th Awakens' (2016), en un claro guiño a la saga de Star Wars y la última película estrenada el año pasado: 'Star Wars: The Force Awakens' (2015); el póster que se expone más arriba lo dice todo. Así es mis lectores, es lo que piensan, parece que habrá escenarios en el espacio exterior y tiburones surcando el vacio sideral, sables laser y miembros robóticos. Aquí nada es baladí. Y por si eso no fuera ya suficiente como para que nos estallen las meninges, participarán en este engendro televisivo Stacey Dash, David Faustino, Corey Taylor y Duane Chapman; además, uno de los fichajes estrella vuelve a ser el inclasificable David Hasselhoff, muestro en estos cameos sorpresivos y paródicos. Por tanto, tenemos todas estas novedades, a parte de los clásicos, ya saben, el personaje de Fin defendiendo a su familia, tiburones voladores y motosierras desmenbradoras... qué más quieren.

Así pues, disfruten de estas incorregibles producciones, para ver de lo que es capaz una industria cuando se propone ser irreverente y se encuentra desmandada, a la par que secundada por miles de fans que reclaman semejantes ficciones.

Sean felices mis impenitentes seguidores.

viernes, 5 de febrero de 2016

Estreno: 'Pesadillas'



Estreno: 'Pesadillas' (2015).
Estreno: 29 de Enero de 2016.
Director: Rob Letterman.
Guión: Scott Alexander, Carl Ellsworth, Larry Karaszewski y Darren Lemke.
Reparto: Odeya Rush, Jack Black, Amy Ryan, Halston Sage, Jillian Bell, Dylan Minnette, Ken Marino, Ryan Lee, Ella Wahlestedt, Kumail Nanjiani, Steven Krueger, Jared Sandler, Timothy Simons, Karan Soni y Gabriela Fraile.
Página web oficial en español.

Saludos, queridos lectores de éste, vuestro blog de contenido audiovisual.

Antes de que empiecen a lanzarme dicterios –aquellos que lo fueran a hacer– por publicar como "estreno" algo que ya se ha estrenado la semana pasada, pido disculpas por adelantado y expreso mi desasosiego ante tamaña afrenta cometida contra sus personas. Si bien, el tiempo del que dispongo es limitado y aquí estoy de nuevo escribiendo sobre una película de estreno que, en realidad, no necesita publicidad (imagino que JCDecaux le habrá cobrado una pasta a la distribuidora por la promoción en las marquesinas digitales que pueblan el metro de Madrid). Pero heme interesado por este título, más por la vertiente literaria que por la cinematográfica, aunque no haya que desdeñar ninguna de las dos partes, tal y como corresponde al objetivo de este espacio digital.


Entro en materia. La sinopsis general podría exponerse como la típica mudanza estadounidense desde la gran ciudad a un pueblo en el campo –Greendale en este caso–, con adolescente incomprendido de por medio (interpretado por Dylan Minnette), y posterior encuentro con una atractiva chica (la actriz Odeya Rush), que mitiga su enfado por el cambio de aires. El muchacho consigue encajar en un grupo de amigos y adaptarse a la nueva vida, pero no todo el monte es orégano. El padre de su nueva amiga resulta ser Robert Lawrence Stine (al que da vida Jack Black), el famoso escritor de la serie de novelas de terror adolescente Goosebumps (Pesadillas en su traducción al español, aunque literalmente sería algo así como carne o piel de gallina). El autor de esta saga encierra un curioso secreto: las criaturas fantásticas que creó su imaginación existen realmente y, para proteger a sus lectores, el escritor las mantiene encerradas en sus libros. La inoportuna liberación de estos personajes de pesadilla por parte del protagonista, al investigar a la familia de su nueva amiga, obligará al grupo a devolver a esas criaturas a las narraciones de Stine, evitando que destrocen el pueblo.


El interés personal que me suscita esta película –que en un principio desestimé por parecerme un producto de fábrica– tiene que ver con la recuperación de la figura de Stine, un escritor que publicó una cantidad nada desdeñable de estos libros juveniles –unos sesenta en total–, que en España fueron publicados por Ediciones B. Los volúmenes de Pesadillas narraban historias de terror, misterio y ciencia ficción, con un lenguaje sencillo y plano, así como un esquema muy parecido para todos los títulos (personaje adolescente que vive una situación terrorífica en un escenario aislado y con giro final). Siendo muy niño, estos libros fueron una parte de mis inicios en la lectura. Aunque la calidad dejara –en la mayoría de casos– mucho que desear, fueron una de las sagas con las que me introduje en la literatura. No leí muchos, tan solo unos pocos, pero los recuerdo con cierto cariño. Mis padres me animaron a leerlos, comprando un par de ellos en unas vacaciones en la playa. Entre ellos evoco Sangre de Monstruo –adquirido por unas módicas 625 pesetas–, que nos metía miedo haciendo que cobrara vida a una masa legamosa de fluorescente verdor, sospechosamente parecida a un juguete de moda en la época, conocido como blandiblú. Tengo presentes estos libros como uno de los momentos en los que empezó a gustarme realmente la lectura. Digamos que fueron mi Harry Potter, antes de conoces a Stephen King. Lectura sencilla para iniciarse y fomentar el hábito lector en un niño.


Por la razón arriba descrita, me resultó curioso este estreno, aunque solo fuera para recordar las coloridas portadas de la saga, obra del artista Tim Jacobus, y aquella sensación de desasosiego que tanto impresiona a un chiquillo, pensando que los ruidos de una puerta que se mueve por la acción del viento, pueden esconder algo más (una criatura espantosa que quiera arrancarte el corazón, por ejemplo). Ahora, los rapaces se inician en la lectura con las distopias juveniles que están tan de moda en la actualidad, pero a comienzos de los años 90 del siglo XX –pensar el tiempo que ha pasado da repeluco– eran estos libros los que estaban en boga en aquel momento. La saga fue tan famosa que dio origen a una serie de televisión, llamada también 'Pesadillas' (1995–1998), que en España emitió Antena 3. El serial contó con cuatro temporadas y 74 episodios, que adaptaban títulos de la colección literaria, con historias auto-conclusivas desarrolladas –cada una– en dos episodios.


En fin mis queridos lectores, me he puesto nostálgico con esta entrada del blog, qué se le va a hacer. Los recuerdos de juventud, cuando algo te asombraba y lo disfrutabas de verdad por primera vez, es algo que en la vida adulta reprimimos la mayor parte del tiempo, pero de vez en cuando viene bien rememorarlo, y alcanzar un mínimo de esa excitante sensación, aunque sea tan solo un instante. Disfruten compañeros y no olviden que todos fuimos niños en algún momento. Vale.


Imágenes: SensaCine y Todocolección.
Vídeo: Trailer de 'Pesadillas' (2015), dese YouTube.



jueves, 28 de enero de 2016

Homenaje a David Bowie y Alan Rickman

Bien hallados, lectores de este humilde blog y cinéfilos en general.

Ante el cúmulo de óbitos de flébiles y celebérrimos actores, como lo fueron David Bowie y Alan Rickman, es de rigor publicar un pequeño –pero sentido y merecido– homenaje. Su imagen será inmortal gracias a que sus efigies permanecerán inalterables en multitud de producciones audiovisuales en las que participaron.

Ambos actores dejaron para la posteridad variados papeles relacionados con el género de fantasía y ciencia ficción, que pasaremos a enumerar, con ánimo de mantener su recuerdo lo más vivo posible.



El primero a quien dedicaremos nuestra atención es David Bowie. Murió el 10 de enero de 2016 a la edad de 69 años. Figura señera del panorama musical de las últimas décadas, que publicó su último disco –'Blackstar'– pocos días antes de morir. Trabajó como actor en múltiples películas, siendo el fantástico uno de los géneros que más cultivó a lo largo de su carrera cinematográfica. Su andrógina fisonomía fomentó su elección para interpretar personajes misteriosos y, en algunos casos, casi etéreos.

Una de sus primeras películas como protagonista, tiene mucho que ver con el género que tratamos en este blog: ‘El hombre que cayó a la tierra’ (1976). En esta cinta, Bowie interpreta a un alienígena que se infiltra en la Tierra bajo el pseudónimo de Newton, con el objetivo de recoger información para salvar a su mundo natal, que se ha quedado sin agua. Con su intelecto consigue crear geniales inventos y triunfar en el mundo de las finanzas, pero una vez descubierta su tapadera, sufrirá multitud de descalabros. Su interpretación de extraterrestre ausente, al parecer acompañada de un consumo bastante notable de drogas, ha sido elogiada en bastantes ocasiones. En cualquier caso, fue un papel que le vino bien para orientar su carrera en el cine y darle a conocer en ese mundo. Sería lo que su personaje Ziggy Stardust fue para la música pop de comienzos de los 70´s; ese marciano “profeta” del rock, que nos anunció el fin del mundo.



Otra película en la que Bowie interpretó un papel destacado fue ‘El ansia’ (1983), del fallecido Tony Scott, en donde se metió en la piel de un vampiro recién transformado, que se siente desesperado por la promesa incumplida de la juventud eterna. Eterna existencia, pero envejeciendo a la par. Un rol fantástico y sensual, que rompe con la idílica visualización que se tiene de los vampiros y que Bowie consiguió hacer suyo.

Siguiendo su filmografía, llegamos a una de mis películas favoritas de género fantástico: ‘Dentro del laberinto’ (1986). En ella Bowie interpreta a Jareth, el Rey Goblin, inquietante antagonista de una bizarra niña que trata por todos los medios de salvar a su hermano pequeño –después de desear que fuera raptado por los goblins–, cruzando un tortuoso y endemoniado laberinto, poblado por las más extrañas criaturas fantásticas que la imaginación pueda concebir. No me resisto a añadir que esta película marcó parte de mi infancia, con un Bowie empenachado –tanto en su acepción coloquial de presumido o soberbio, como por la forma de su peinado–; bailando y cantando en mallas ajustadas y marcando bien el corvejón... Al tiempo que aparece rodeado de pequeños y correosos esbirros (las increíbles marionetas de Jim Henson), una panda de graciosos espantajos que chillan y se retuercen de aquí para allá; embelesando y seduciendo a la cándida Sarah –una jovencita Jennifer Connelly– con burbujas de cristal, creadoras de vívidas ilusiones, para que renuncie a su hermano y se rinda a sus encantos. Este peculiar personaje fue interpretado por un genial Bowie en estado de gracia, que compuso, además, ocho canciones para la cinta. Les dejo un fragmento de la película en donde se incluye una de estas partituras, quizá la más famosa de la banda sonora: la divertida y célebre "Magic Dance". Disfruten, mis impenitentes lectores.



Tras esta pequeña –pero casi inexcusable– pausa, continuemos el repaso a su filmografía fantástica. Su pequeña participación en ‘Twin Peaks: fuego camina conmigo’ (1992), marca un elemento fantasmagórico en la trama desarrollada por la serie de televisión del mismo nombre –en su ya de por si sobrecogedora narración–, en donde se introduce un devenir cíclico del tiempo. Asesinatos de mujeres jóvenes en pueblos perdidos y sosegados, investigados por policías que desaparecen en el curso de sus pesquisas. Bowie interpretó a uno de estos investigadores, que se aparece en sueños a los inspectores que tienen que resolver nuevos casos en la actualidad. Un oscuro y tétrico papel que le vino como anillo al dedo.



Una de sus últimas apariciones en la gran pantalla fue en 'El truco final (El prestigio)' (2006), dirigida por Christopher Nolan, en donde interpretó a un misterioso y fascinante Nikola Tesla, el inventor de la corriente alterna, entre otros avances decisivos (el año pasado la Fundación Telefónica organizó una exposición sobre su vida y trabajo). En el contexto de una lucha encarnizada entre dos prestidigitadores por crear el espectáculo de magia definitivo, la nota fantástica es introducida por este personaje de Tesla, que gracias a sus investigaciones en el campo del electromagnetismo, ha conseguido una forma de “teletransportar” cualquier objeto (o ser vivo), creando un doble idéntico de aquello que se quiere trasladar y situándolo a unos metros de donde se encuentra el original. Por cierto, leo un artículo sobre posibles vías de teletransportar un organismo vivo en el ABC, la realidad –al final– acaba por superar a la ficción. La figura de Bowie interpretando a Tesla, entre tinieblas y rayos chisporroteantes, otorga un halo de misterio y sorpresa al espectador, colofón a este repaso de los papeles fantásticos que llevó a cabo a los largo de su carrera cinematográfica.


A continuación pasamos a hablar de Alan Rickman, que murió el 14 de enero de 2016, también a los 69 años de edad. Actor de voz profunda y en ciertas ocasiones oscura, que le valió para interpretar a múltiples villanos en diferentes películas, o bien, a personajes con una especial característica propia, que implicaba un tono grave en la forma de hablar. Lástima de doblaje, que tergiversa la voz propia de los actores. En este caso, la versión original es indispensable para comprobar lo referido.

Uno de los títulos en donde trabajó fue 'Dogma' (1999) del director Kevin Smith, en donde interpretó al ángel Metatron –“la Voz de Dios”–, vestido a lo rockero y con unas imponentes alas celestiales. Aparece en cortas –pero intensas– escenas del filme, impidiendo que los protagonistas, dos ángeles caídos, ingresen en lugar santo e inicien el fin del mundo.


Otra incursión en el género fantástico, con el espacio sideral como contexto diegético, fue 'Héroes fuera de órbita' (1999); una divertida película que parodia a la serie de televisión 'Star Trek', en donde se juega con el metalenguaje del mundo audiovisual. Rickman interpreta a uno de los actores del serial de ciencia ficción ‘Galaxy Quest’, trasunto de la mencionada 'Star Trek', que tendrá que embarcarse -junto con sus compañeros de reparto-, en una alucinante viaje espacial para salvar a una raza alienígena; inmiscuyéndose en una guerra intergaláctica, en donde cada uno de los protagonistas tendrá que representar el papel que tenía en la serie de ficción. Asumirán la personalidad de sus respectivos personajes en la vida real, que se desarrollará de forma más estrambótica que los disparatados guiones del serial en el que trabajaron. En concreto, Rickman se transforma en un científico extraterrestre, una especie de Spock con más maquillaje y con una filosofía de vida parecida al Kolinahr vulcaniano –mantener la mente libre de emociones y alcanzar la lógica pura–.

Ahora bien, uno de los papeles más famosos y celebrados de Rickman fue -y siempre será- el de Severus Snape, profesor de pociones y magia oscura en la escuela Howarts para brujas y magos, dentro de la saga de películas de 'Harry Potter', basada en las novelas homónimas de la escritora J.K. Rowling. A saber: 'Harry Potter y la piedra filosofal' (2001), 'Harry Potter y la cámara secreta' (2002), 'Harry Potter y el prisionero de Azkaban' (2004), 'Harry Potter y el cáliz de fuego' (2005), 'Harry Potter y la orden del Fénix' (2007), 'Harry Potter y el misterio del príncipe' (2009),' Harry Potter y las reliquias de la muerte - Parte 1' (2010) y 'Harry Potter y las reliquias de la muerte - Parte 2' (2011). El ambiguo personaje de Snape, que continuamente pone obstáculos al joven Potter, tiene -en el fondo- una relación muy estrecha con el protagonista, que va más allá de la ser un inflexible y en ocasiones insufrible profesor del niño-que-sobrevivió. Su -en apariencia- injustificado desdén hacia Potter, así como su oscuro pasado, le convierten en uno de los personajes más carismáticos y misteriosos de la saga, amén de esa grasienta melena azabache que gasta. Un papel ejecutado a la perfección por Rickman.


De nuevo en un contexto de ciencia ficción y, asimismo, en una caricatura del género, Rickman trabajó en la película 'Guía del autoestopista galáctico' (2005), basada en la estupenda y brillante -a la par de tronchante- novela de Douglas Adams, con el mismo título. En ella puso voz al malhadado robot Marvin, que fue interpretado por el actor Warwick Davis -¿recuerdan 'Willow' (1988)?-, otorgándole una melancólica dicción a esta máquina hastiada de su propia existencia. Un acompañante en apariencia inútil para un viaje interestelar plagado de grandes peligros, pero su pesimista manera de pensar influirá positivamente en las decisiones del grupo de autoestopistas galácticos.

Por otro lado, su relación con el director Tim Burton le valió para participar en ‘Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet’ (2007) haciendo de Juez Turpin, antagonista de Johnny Depp y de mal acabar. De igual modo, puso la voz a la Oruga Azul en ‘Alicia en el país de las maravillas’ (2010), también de Burton, basada en la novela de Lewis Carrol, y que también aparecerá en la secuela que se está preparando en la actualidad, ‘Alicia a través del espejo’ (con estreno previsto para el 27 de Mayo de 2016).


Una de las últimas películas en las que podremos verle –‘Eye in the Sky’ (2015)–, tiene al mismo tiempo un halo de ciencia ficción, en donde se trabaja sobre los efectos de los drones militares en nuestra sociedad. Es de suponer que se estrene durante este año 2016, así que no faltará mucho para poder ver de nuevo a este magnífico actor en la pantalla de cine.

Me despido aquí, mis queridos lectores, después de esta extensa publicación, que espero, haya sido de su agrado. ¡Salve a estos dos gloriosos y memorables actores, eviternos representantes del género fantástico en el cine! Cuya memoria guarden los hados ad æternum.

Imágenes: Wikipedia, Filmaffinity, Fanpop y Harry Potter Wiki
Vídeo:  ‘Dentro del laberinto’ (1986) desde YotuTube.